ARGENTINA / La crisis, la recuperación y la lucha por el modelo / Escribe: Alberto Dearriba






El gobierno de la presidenta Cristina Fernández ingresó a un año políticamente decisivo, luego de atravesar los meses más complicados de su gestión en materia política y económica, pese a una oposición inocua que no logra redondear un proyecto alternativo de poder. Entre los últimos días de octubre y los primeros de noviembre, tras analizar el resultado de las elecciones legislativas, la presidenta definirá si decide finalmente buscar un nuevo mandato o si anuncia quién es el delfín que seguramente ya tiene in péctore.


Para conseguir de parte del Congreso Nacional una declaración de necesidad de reforma constitucional que habilite un tercer mandato de Cristina Fernández, el Frente para la Victoria debería sumar los dos tercios en ambos cuerpos legislativos, lo cual parece hoy un objetivo lejano.

Sólo un tsunami electoral similar al de la elección presidencial de 2011 conseguiría acercar al oficialismo al número de bancas en la Cámara de Diputados y especialmente en el Senado, lo cual no parece condecirse con el humor político actual, caracterizado por la irritación de buena parte de la clase media urbana, que brama por el dólar, la inflación y la inseguridad. Con todo, no sería la primera vez que el kirchnerismo sorprenda con su voluntad política inquebrantable.

Las estrecheces de la crisis internacional frenaron a dos de las tres locomotoras del crecimiento kirchnerista, que logró casi duplicar el PBI en menos de diez años: la menor demanda brasileña desaceleró la expansión de la industria automotriz local y las restricciones al dólar desplomaron las transacciones inmobiliarias y la construcción.

Mientras en Europa repartían generosas dosis de ajuste ortodoxo a los pueblos en desgracia, el gobierno de Cristina mantuvo la actividad sobre la base del consumo interno y el estímulo a la demanda agregada, pero el freno de la economía se tradujo en la no creación de nuevos puestos de trabajo. Esta situación impacta en una de las bases de sustentación de la política kirchnerista, que redujo la desocupación del 23% en 2003 a algo más del 7% en la actualidad.

A despecho de los implacables recortes sociales que se producen en el primer mundo, el gobierno mantuvo las actualizaciones salariales en paritarias y las jubilaciones con adecuaciones semestrales aplicadas por ley, lo cual sostuvo un tanto el poder adquisitivo popular.

Sin embargo, el 2012 sólo se parece en términos políticos y económicos al 2008 de la pelea con el campo y al 2009 de la derrota electoral de Néstor Kirchner en la estratégica Provincia de Buenos.

La esperanza kirchnerista es que la economía repunte en el año que se inicia para producir un renacimiento como el del año del bicentenario, que anticipó el arrasador triunfo de Cristina en 2011. Los economistas ortodoxos que se cansaron de vaticinar catástrofes económicas que finalmente no se produjeron, estiman que la economía volverá a crecer moderadamente en 2013, aunque ponen el acento negativo en la inflación. Con todo, los economistas no descartan medidas audaces de profundización del modelo para generar un escenario muy distinto.


No es improbable que el gobierno eleve en breve el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias que pesa sobre los sueldos, que extienda el salario familiar e incremente la asignación universal que se va deteriorando por el alza de precios, con lo cual mejoraría los bolsillos populares y le quitaría una bandera al sindicalismo opositor que el año pasado se unió por izquierda y derecha para producir un paro.

Pese al mal trago de noviembre, con el cual los opositores estimularon el chauvinismo contra le gobierno, la presidenta recibirá el jueves en Mar del Plata en triunfo a la fragata Libertad, después de quebrarle el brazo a los fondos buitres sin negociar con ellos un dólar. También aquí lo importante es lo de fondo: ¿Quiénes pusieron a la deuda bajo jurisdicción extranjera? ¿Quiénes endeudaron al país en forma suicida y quiénes lo desendeudaron?

Pero esa política que permitió ubicar a la deuda externa en una relación razonable con el PBI, no le evitará al gobierno seguir litigando en los tribunales de Nueva York contra el usurero Paul Singer, que consiguió un fallo terrorífico de parte del juez Thomas Griessa –cuyo cumplimiento llevaría a un nuevo default– quedaron suspendidos hasta febrero.

Paralelamente continuará la disputa por las Ley de Medios, amparada por una incongruente cautelar eterna, después que la Corte Suprema de Justicia borrara insólitamente con el codo lo que escribió con la mano, en una muestra de que los jueces del máximo tribunal advierten que Cristina Fernández no pasa por su mejor momento.

Este dato demuestra que el desarrollo de esta causa seguramente será congruente con el clima político-electoral: Clarín espera que marque el comienzo de la declinación del poder presidencial y el kirchnerismo alberga esperanzas de poder vencer finalmente a una corporación que hasta el momento viene salvando la ropa.


Por supuesto que el grupo mediático más concentrado seguirá favoreciendo este año acciones de desgaste como las de los caceroleros y sindicalistas, que seguramente se repetirán cuando se acerquen las elecciones legislativas. Y que el gobierno soportará obviamente ataques de los más absurdos, como el que ahora pretende ensuciar la política de Derechos Humanos, a partir de la reunión de fin de año que el ministro de Justicia, Julio Alak, realizó en la ESMA. Pareciera que la cuestión pasa por si es o no una ofensa a los desaparecidos que se haya comido y bebido en un sitio que hoy es un monumento a la memoria, en lugar de sopesar los resultados conseguidos para reivindicar la vida de los desaparecidos y castigar a los represores ilegales. Toda la actividad que se realiza en la ex ESMA –arte, cultura, música y exposiciones– se hace ni más ni menos que en la mismísima cueva del monstruo. Ese es el triunfo de aquellos militantes populares, haber copado –por ley– el cuartel general de una de las tres armas de la dictadura. Y sobre todo, que muchos de los que allí dispusieron de la vida de miles de compatriotas, estén hoy entre rejas. El episodio demuestra que en este año electoral, el gobierno deberá dar batalla hasta en áreas en las que no tiene flancos. Marchará a una contienda electoral con la intención de revertir el humor político una vez más. Parece muy difícil que pueda alcanzar el número de bancas que habilite a Cristina Fernández a disputar un tercer mandato presidencial. Pero muchos recuerdan que Carlos Menem forzó el Pacto de Olivos sin tener los dos tercios en cada cuerpo, luego de haber logrado el 42% de los votos en 1993. Conciente de que tenía afuera los votos que no tenía adentro del Congreso, el riojano amenazó veinte días después de esa victoria con un plebiscito popular. La UCR temió una nueva derrota y Raúl Alfonsín aceptó pactar. La circunstancias son distintas, pero es muy probable que también Cristina tenga en la calle los votos que difícilmente reúna tras los gruesos muros del centenario palacio. Sólo resta saber cómo los jugará.

(Diario Tiempo Argentino, sábado 5 de enero de 2013)

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