Uno de los datos novedosos de las elecciones PASO del 11 de agosto es el buen resultado de frentes electorales de izquierda trotskista. Es un hecho auspicioso toda vez que enriquece el debate.
Indudablemente, además de los méritos propios, la regulación de las publicidades electorales fue una causa eficiente del casi 8% de los votos en Mendoza. La reforma política que instrumentó Cristina Fernández de Kirchner reparte la publicidad televisiva y radial del siguiente modo: la mitad igual para todos, la mitad proporcional a los votos de la elección anterior. Además está prohibido que los partidos paguen por publicidad de este tipo. El modo en que estas reglas igualan las posibilidades es extraordinario.
Bienvenido, entonces, que nuevas reglas, más justas y más igualitarias permitan estas novedades políticas.
Digresión: me cuesta llamarlo frente de izquierda. Entender dónde está la izquierda es un problema arduo. Tengo una interpretación de la coyuntura y la estructura política argentina que me hacen decir que la izquierda no es lo que hace “el Frente de Izquierda”.
Vaya igualmente un especial reconocimiento a sus candidatos y militantes, que, por decir poco, no es tradición que la tengan fácil.
Ahora bien, ¿cuáles fueron sus propuestas?
Las que más resonaron fueron subir el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias y el 82% de jubilación.
No es nada casual, es sobre lo que se montaron los medios concentrados para horadar al gobierno. Esas propuestas son varias cosas, pero lo que NO son es propuestas de izquierda.
Dije arriba, es difícil decir qué es la izquierda, pero si hay alguna brújula para ello es asociar la izquierda a la igualdad. Bueno, estas dos propuestas son radicalmente desigualitarias.
El mínimo no imponible
Está pendiente en Argentina una reforma profunda del sistema impositivo, pero si queremos que esa reforma sea más igualitaria, y (digo) más justa, es en el sentido contrario a esta propuesta.
Un sistema impositivo, en un país con propiedad privada de los medios de producción, es uno de los modos principales de redistribuir los ingresos.
¿Quién paga por las tareas que hace el Estado?
Pagan los de abajo, eso es IVA. Pagan los de arriba, eso es ganancias.
Podríamos hacer una explicación mucho más extensa, pero esa es la síntesis. Un sistema tributario más igualitario, más justo, requiere extender los impuestos directos y disminuir los indirectos, extender los impuestos progresivos y disminuir los regresivos.
Toda la cantinela de que “es un impuesto al trabajo”, simplemente, no es cierto. Es un impuesto a los ingresos que cada uno recibe y tributan proporcionalmente menos los que menos ganan y proporcionalmente más los que más ganan. Si hay una idea de “impuesto justo”, aceptada en todos lados, es un impuesto de este tipo.
¡Cuánto más interesante sería una “izquierda” pidiendo menos IVA antes que menos ganancias! ¿No estaría esto más vinculado a la idea igualitaria?
Claro, hacerlo requiere despegarse y no aprovechar el impulso que otorga montarse en los significados que construyen los medios hegemónicos.
El 82%
Las jubilaciones comenzaron a aplicarse incipientemente en la Alemania bismarckiana asociadas a una pregunta ¿De qué viven las personas cuando son ancianas y ya no pueden trabajar?
Si bien es cierto que como modo de financiación en muchos casos los países utilizaron el aporte de trabajadores y empresarios con afectación directa, la jubilación siempre estuvo atada a aquella pregunta originaria.
Una de las cuestiones más críticas en la Argentina del 2001 – 2002 para las políticas sociales era qué hacemos con los mayores sin cobertura. ¿Se acuerdan? Teníamos casi la mitad de los ancianos sin cobertura. O porque trabajaron en negro o porque no llegaban a la cantidad de años de aporte o porque fueron amas de casa... un problema gigantesco. Hoy parece “natural” que el 95% de los ancianos tenga su jubilación. Y falta ese 5% sobre el que habría que trabajar.
No fue natural, requirió la estatización de las AFJP que ahora varios candidatos quieren revertir, y requirió una decisión política fortísima.
Ahora bien, las sociedades deciden, ¿cómo queremos que sean las jubilaciones?
La lógica de las jubilaciones privadas es la de un cálculo actuarial que dice: ud. aportó tanto entonces juntó tal monto, le pagamos tal importe mensual (previa deducción de una jugosa comisión). Para ello no hace falta Estado. Vaya a un banco y contrate un seguro de retiro. Listo.
El planteo del 82% sigue esta lógica. Ud. cobra en función de lo que aportó. Aunque estas jubilaciones las administre el Estado es profundamente desigualitario (y según los estudiosos, irracional).
Un planteo igualitarista supone responder aquella pregunta originaria desde una perspectiva social, no laboral. Desde una perspectiva ciudadana y no individualista. Las personas merecen dignidad independientemente de cuánto dinero ganaron en su vida y allí está la prioridad. No en garantizar un “estatus”.
El estatus se lo garantiza cada uno, el que ganó bien, el que tuvo muchos ingresos a lo largo de su vida, compró propiedades, tiene depósitos en los bancos, en fin, muchas opciones que le permiten tener ingresos que no le requieren esfuerzo físico o laboral que no puede hacer un anciano. Y tiene su jubilación. Y si no le alcanza puede sacar un seguro de retiro.
¿No sería más razonable que la “izquierda” pida aumentos en la mínima y no el 82%?
Estos planteos, que no son de “izquierda”, van de la mano con una promoción que demuestra que a los medios de comunicación concentrados y a los poderes fácticos no les preocupa ni un poquito esta izquierda y que al contrario les sirve para debilitar al gobierno nacional, que, ese sí, es un “grano en la frente”.









