Nunca llegó a conocer a su abuelo, quien fue uno de los nombres emblemáticos del peronismo de Perón y presidió la Argentina por 49 días en el año 1973. Santiago, de 30 años, es economista y uno de los hombres de confianza del titular de la Comisión Nacional de Valores (CNV), colaboró en la desclasificación de archivos de la dictadura militar del organismo aportando una visión de contexto político-económico del post golpe de Estado. Por cuestiones familiares, conoce ese paño. Santiago es el nieto del histórico dirigente Héctor Cámpora, y en esta entrevista con Tiempo Argentino repasará anécdotas personales sobre su abuelo, se referirá a la militancia, a la lealtad y a la economía que implementaron e implementan los gobiernos peronistas. "Trabajo hace cuatro años como asesor económico y financiero del directorio de la CNV", cuenta y adelanta que "estamos metiéndonos de lleno en proyectos de educación financiera. Porque entendemos que uno de los roles es proteger al inversor desde la educación. Acercar a los inversores minoritarios a lo que es el mundo del mercado de capitales, como complemento a lo que es el sistema bancario más tradicional."
–Desde el bono de YPF ha habido un boom entre la gente. ¿Hay alguna otra empresa interesada en colocar un bono minorista?
–A partir de ese bono, las colocaciones fueron muy buenas, e YPF seguirá trabajando en esa línea. Lo que vemos es que hay un mercado, hay público interesado en invertir y, sobre todo, del otro lado hay empresas que por ahí están viendo con buenos ojos esta modalidad de salir de los inversores tradicionales que eran los de las compañías de seguros, las ex AFJP, etc. Intentar captar ese ahorro minorista a través de canales que antes no se utilizaban. La CNV no tiene preferencias, YPF fue el que primero se interesó, pero la modalidad está abierta para que cualquier empresa mañana pueda colocar un bono minorista.
–Usted colaboró además en el informe sobre Derechos Humanos en la CNV, ¿cuál fue su aporte?
–Di opiniones sobre lo que fue el marco económico de aquel momento para entender algunas actas en las que figuraban algunos datos. Desde la liberalización del '77 al '81, muchos bancos, muchas empresas se habían metido en la vorágine de altas tasas de interés que terminaron en el proceso de quiebras del año '80 y luego la cesación de pagos del '82.
–El que lea esta nota supondrá que por cuestiones familiares y políticas, usted sabrá al dedillo los detalles de esa parte de la historia…
–Por una cuestión familiar y política, uno ha vivenciado a través de charlas lo que fue el proceso. Naturalmente, uno después en la facultad le presta especial atención porque a veces no se hace hincapié en el lado cívico y financiero de lo que fue el proceso y el golpe. Hubo un brazo económico y financiero en connivencia con civiles que sistematizaron un proceso de apropiación y enajenación de bienes que está bueno que se conozca.
–Por cuestión generacional, no llegó a conocer a su abuelo…
–Tengo 30 años. No llegué a conocer a mi abuelo, que falleció en diciembre de 1980 en México.
–¿Se crió en una familia política, más allá de su abuelo?
–Mi viejo y mi tío continuaron con la actividad política. Mi abuelo fallece en el '80 y mi viejo en el '85: pero mi papá en la democracia fue concejal en San Andrés de Giles (Héctor Cámpora lo había sido en el '65 y Santiago hace unos años), mi tío fue concejal en dos oportunidades. Siempre estuvieron muy inmersos en la política, y yo la política la tomo con naturalidad. No me fue impuesta, se daba siempre en las reuniones familiares hablar de política. Por ahí me sorprendía, cuando iba a la casa del algún amigo, que dijeran que de política o de religión no se hablaba. En nuestro caso no pasaba, porque éramos todos peronistas.
Santiago Cámpora se autocalifica como un peronista raso. Nunca estuvo en las líneas de La Campora y, en algún momento, se intentó vincularlo a la "sciolista" Juan Domingo, de la que nunca participó. Luego, se agrupó en la organización de economistas kirchneristas La Gran Makro. Hoy es parte del Geenap, el grupo de Estudios de Economía Nacional y Popular, que encabeza Santiago Fraschina.
–¿Cuándo empieza su militancia?
–En los '80 y '90 yo siempre lo veía a mi tío involucrado en la participación política. Los acompañaba a actos y homenajes, si bien los '90 fueron una época de la apolítica. Pero en esa década no existía la receptividad o el interés, y mucho menos la participación, cosa que sí se da hoy. Me parece que los '90 lo que tuvieron era eso, la no política o la negación de la política. Hoy podés tener aciertos o errores, pero si nos equivocamos, nos equivocamos participando.
–¿Qué hubiese pensado su abuelo, en ese marco de un núcleo bien duro del peronismo, del proceso de la década de los '90?
–Yo creo que hubiese sido una gran decepción para ellos. Ver el peronismo transformado en algo tan ajeno a la esencia del peronismo era algo bastante triste. Enarbolar las banderas del peronismo en lo discursivo y llevar adelante un proceso económico y social con 25% de desocupación y 50% de pobreza, se caía, no se sostenía bajo ningún punto. La verdad es que fue bastante triste. De hecho, cuando mi tío vuelve de México, junto con mi viejo, habíamos tenido la intención de llevar al museo de Casa de Gobierno la banda y el bastón de mi abuelo, pero no encontrábamos argumento. A Menem no se lo íbamos a dar. Luego, cuando llega Kirchner, mi tío nos juntó a mí y a mi mamá y nos planteó que tenía ganas de llevarlo al museo. Y a nosotros nos pareció bien, porque veíamos continuidad entre lo que era el proyecto político del '73 llevado adelante de manera bastante rotunda. Esos primeros años, con todas las medidas que se tomaron, creíamos que si había alguien que debía recibirlos en ese momento era Kirchner. Los '90, para los que verdaderamente apoyaron el proceso del '73, más allá de las contradicciones de esa época, fue una época oscura.
–Mencionás la tan mentada "Primavera Camporista". ¿Qué análisis hacés de la revaloración de ese tiempo?
–Es muy interesante. Me parece que está bueno que se vuelvan a discutir algunas cosas que estaban cajoneadas. Todo este tema de la participación, de la democratización de las instituciones. De buscar, más allá de aciertos y errores, volver a un modelo económico que esté centrado en el empleo, dignificar el trabajo, darle ese rol de ordenador social. Hay líneas que, evidentemente, se continúa con todos los cambios que tuvo el país.
–Ahora bien, ¿qué críticas creés que le haría Cámpora abuelo al proceso que inició el kirchnerismo?
–Es una pregunta un poco compleja. La verdad es que creo que se han recuperado muchos de los principios de ese momento y hay otras cuestiones que han cambiado. La realidad de aquel entonces era muy compleja, hoy no es tan compleja desde lo partidario. Pero la realidad social es mucho más difícil. Este gobierno tuvo que hacerse cargo de un país con mucha pobreza, y reconstruir a partir de eso era complejo. Hoy creo que la demanda ha sido tan fuerte que muchas veces no se pueden atender todos los problemas juntos. Siempre se dice esto de "una batalla a la vez", por ahí hay algunas críticas, decir por qué algunas medidas que se tomaron… Pero eso tiene que ver con los tiempos. Desde afuera uno podría decir por qué no se hicieron más reformas en conjunto, pero a veces es inteligente en algunas cuestiones no abrir tantos frentes en forma simultánea.
–Usted se califica como un militante del peronismo clásico y el peronismo tiene, además de al kirchnerismo gobernando, muchos frentes abiertos en la actualidad. ¿Cómo ve ese escenario?
–Lo que tiene hoy el peronismo es que está bastante disperso. Pero eso también es una herencia de los '90, hay sectores que han quedado bastante relegados y por ahí no han entendido este proceso de cambio. Es difícil muchas veces cuando se producen estos cambios, muchos quedan relegados y a la vez existe esa disputa por espacios de poder. Y no sé si se trata tanto de una crítica hacia los cambios de fondo, sino que muchas veces los espacios de poder generan ese tipo de discusiones.
–El antiperonismo en ciertos períodos de la historia fue muy fuerte. ¿Le fue difícil llevar el apellido en alguna época en particular?
–No. Uno siempre se encuentra con gente que es más o menos contrera, pero yo tengo una personalidad bastante paciente. No tuve problemas, sí discusiones, pero no tengo problemas en darlas, siempre que sea en un marco de respeto y tolerancia. Eso siempre va a existir, es la naturaleza de la democracia que haya gente que no esté de acuerdo.
–¿Qué anécdota le contaron militantes o amigos de tu abuelo que usted no conociera por medio de su familia?
–Sobre todo, muchas cosas que tenían que ver con su costado más vinculado a la amistad, de la vida de mi abuelo como vecino. Por ejemplo, él siempre fue un tipo muy querido en el pueblo. Hay una anécdota de cuando fundaron el club Almafuerte de San Andrés de Giles. Giles es una sociedad bastante de pueblo del interior, un poco conservadora, y siempre existió el club social y deportivo donde estaban todos los conservadores. Y cuentan que cuando mi abuelo era joven se cansaron de esta aristocracia y decidieron fundar un club arrancando de abajo. Siempre fue un tipo que motivó la participación, le encantaba hacer almuerzos con no menos de 30 personas. Son vivencias que pintan el carácter de mi abuelo. Y no estamos hablando sólo de peronistas, sino que tenía amigos radicales y de otras ramas. Separaba la vida del político de la vida del vecino, y de la familia. Pero bueno, han pasado unos cuantos años. Por ejemplo, Ernesto Marino es un carpintero, toda la vida militó en la misma unidad básica con mi abuelo y pudo vivir sus mismos momentos de lo que fue la primera etapa en la Cámara de Diputados como presidente hasta el '52 y lo que fue el proceso desde que Perón lo elige como delegado desde el '72 hasta el '73. Si bien en el marco temporal fue poco tiempo, en lo político fue muy dinámico, muy interesante.
–¿Cómo llega un peronista como Cámpora a esa localidad que califica como tan conservadora?
–San Andrés de Giles nunca fue un pueblo muy peronista. Mi abuelo nace en Mercedes y tenía mi familia, mi bisabuelo, un médico muy amigo que vivían en San Andrés de Giles. Y cuando él se va a estudiar a Córdoba, (San Andrés de Giles y Mercedes quedan muy cerca, a unos 40 kilómetros), el médico este le dice si le interesaba el pueblo, si no le interesaba abrir un consultorio odontológico. Le interesó, la conoció a mi abuela, se estableció, y a partir de ahí se establecieron y él siempre quiso volver a San Andrés de Giles. De hecho, cuando viene el golpe, en marzo de 1976, en esa fecha lo habían invitado de China. Cuando mi abuelo asumió uno de los países con que se recompusieron las relaciones diplomáticas fue Cuba, la URSS y China. Y lo habían invitado, él había sido embajador en México, lo habían invitado, pero él estaba a gusto en San Andrés de Giles. Si bien no con mucha anticipación, en las semanas previas al golpe había comentarios, circulaban las famosas listas, pero él siempre quiso quedarse en San Andrés de Giles. Se me hace que, retrospectivamente, nadie imaginaba que iba a ser algo tan sanguinario, que esa noche lo iban a ir a buscar a San Andrés de Giles.
–¿Qué relato tiene presente de esa noche?
–Él tenía custodios, y esa noche mi abuelo salía a cenar, finalmente se quedó en San Andrés de Giles. En ese momento entra un amigo y le comenta que hay certezas de que esa noche iba a ser el golpe, con lo cual mi abuelo decide irse. Pasa que los policías que tenía de custodia eran de la Federal. Y en lugar de custodiarlo estaban esperando que no se vaya. La casa de San Andrés de Giles tiene una salida por una calle transversal, entonces él le avisa al custodio que salgan a comer, que se va a quedar a comer con un amigo. Cuando los custodios se van, van al garaje de atrás, sacan el auto y se van. A los 20 minutos se cortó la luz en todo el pueblo y bueno, habían mandado soldados del regimiento de ahí de Mercedes. Pasaron, balearon el frente de la casa, fueron a buscarlo a mi quinta. Rompieron todo, cuestiones típicas de la época. Hicieron el allanamiento. Él se fue a una quinta en San Antonio de Areco que le prestó un amigo. Después viene a Buenos Aires y a través de un contacto con un periodista de la agencia de noticias, brasileña, le consigue un contacto con el embajador de México en Buenos Aires. Y ahí le avisan que el 11 de abril a la tarde, lo iban a estar esperando con las puertas abiertas. Si bien uno hoy lo puede dimensionar con lo que fue el Proceso, la cantidad de vidas que se perdieron fue tremenda, él pudo llegar y asilarse en la embajada. Tuvo casi cuatro años encerrado en la Embajada de México. Era bastante doloroso. Se notaba que él tenía ganas de volver a la política, porque cuando le otorgan el salvoconducto, después de poder constatar que el cáncer que tenía era avanzado, él va a México y enseguida se pone a organizar cuestiones políticas con todos los compañeros peronistas que estaban viviendo en México en ese momento. Con lo cual las ganas de volver a hacer política siempre estaban. Su estado de salud no se lo permitió, pero sí en esos ocho o nueve meses que estuvo en México siempre tuvo ganas de volver a inmiscuirse en la política.
–Una de las máximas de la presidencia de su abuelo fue "Cámpora al gobierno, Perón al poder". ¿Cómo se tomaba esa consigna en el núcleo familiar?
–Era muy genuina. Mi abuelo entendió en todo momento cuál era su función y él lo que más quería era cumplir el mandato de Perón. Más allá de que hoy por ahí uno pueda decir: "bueno, pero en su momento, habiendo llegado, y Perón con estas ideas que decía que él iba a ser como un embajador para Latinoamérica, y este proyecto de unificación." Como era el general en sus declaraciones, donde no estaba claro si el general iba a querer para mi abuelo un rol, pero mi abuelo nunca buscó soltarse de la mano, siempre tuvo claro cuál era su función, permitir que Perón volviera al poder. Por lo cual el slógan era muy genuino. Mi abuelo tenía mucho afecto, respeto y admiración por la figura de Perón. En lo político, la lealtad es lo que siempre se remarca: ese entendimiento de cuál era su lugar como militante, más allá de llegar a ejercer la mayor responsabilidad que puede tener alguien como político, que es ejercer la presidencia de la Nación. Siempre estuvo ese reconocimiento y esa lealtad en ser consecuente con los compromisos que él había asumido.
"Es vital mantener el debate"
"Creo que la lealtad hoy no es moneda corriente, han cambiado mucho los tiempos. Hoy por ahí es más sinuoso el camino de muchos políticos. No sé si hoy hablar de lealtad en la política suena un poco utópico. Me parece que ha pasado mucha agua bajo el puente, pero no tengo dudas que hay muchos políticos que siguen siendo leales a sus principios. Después, es bastante dinámica y cambiante la política", explicó Cámpora. En la misma línea, agregó que "lo que ha tenido de bueno este proceso es que ha incorporado jóvenes y no tan jóvenes, no es sólo el joven de 20 o 30 años, sino que la discusión se da en todos los niveles, edades, clases sociales, y es bueno. Yo espero que el día de mañana no disminuya, el debate político siempre tiene que estar presente y no hay que escaparle a eso. Ojalá que lo podamos mantener. No hay nada de malo, no implica que tenga que a haber cierta prevalencia de ideas. Todo lo contrario. La participación tiene implícito que vos puedas pensar una cosa y yo otra. Lo que no está bueno es cuando no se discute nada, y a nadie le interesan las decisiones que se toman, que nos afectan día a día."
(Diario Página 12, domingo 28 de abril de 2013)







