Rodolfo Páez nació el 13 de Marzo de 1963 en Rosario, Argentina, y su pasión por la música fue sin ninguna duda, una herencia familiar.
Su madre, fallecida a poco de nacer Fito, era profesora de piano y su padre lo introdujo en la buena música. Esas influencias lo llevaron desde su adolescencia a integrarse y formar sus propios grupos; a comienzos de los 80, junto a Jorge Lionch, Raul Sepúlveda y Liliana Herrero, entre otros, formó el grupo cultural SUMA. Poco tiempo después se integró a la banda de Juan Carlos Baglietto, rosarino también, protagonista de un fenómeno musical que muy pronto llegó a Buenos Aires.
Como autor, arreglador y tecladista de esa formación, Fito hizo su desembarco en la Capital argentina. Paralelamente conoció a Charly García y pasó muy poco tiempo hasta que éste lo invitara a integrar su banda.
Nací en el '63, con Kennedy a la cabeza,
una melodía en la nariz, creo que el aire estaba raro,
mediaba marzo.
El mundo me hizo crecer entre zanahoria y carnes,
el '69 me encontró viendo a ese hombre en esa luna televisada.
Y vino el colegio, y vino Vietnam,
los yanquis juraban amar el napalm,
Jobim me dormía en la noche cuando todo era calma.
Tocaba folklore, después rock and roll,
y ahí llegó Lennon hablando de amor.
¿Qué pasa en la Tierra que el cielo es cada vez más chico?
El barrio está igual que ayer,
voltearon la casa de al lado,
la gente está igual que ayer,
con un par de añitos encima.
Después empecé a fumar en cada rincón oscuro,
ya corría el '76: no se puede andar solo en la
calle sin un revolver.
Y así tuve una mujer en el medio de mis piernas,
como la marea, un día se fue,
como bicicleta andaba el mundo, apresurado.
Recuerdo lugares de mi ciudad,
recuerdo aquel beso en el medio del cine,
recuerdo al guardián en la plaza con su palo de escoba.
Hoy mataron a un hombre de pie en Nueva York,
comienza otra década a todo vapor,
el viento me toca la cara, marca un cambio de rumbo.
Y así empecé el '83, son casi 20 años de historia.
El siglo se muere y no cambia más,
está agonizando en cualquier hospital,
nosotros tenemos la culpa y hay que solucionarlo.
Llamemos al débil y al orador, al mozo, al poeta,
al músico, al peón.
Llamemos a todos los hombres, que el banquete está listo.