ARGENTINA / La dura ternura / Escribe: Demetrio Iramain






Una imagen poderosa, épica, que ya forma parte del imaginario de la resistencia popular mundial, lo resume todo: año 1977, agosto, plena dictadura cívico-militar argentina. Hace cuatro meses que las Madres marchan semanalmente, como pueden, en Plaza de Mayo. Ese día, el grupo de mujeres que todavía no usa su pañuelo blanco (recién lo empezarán a utilizar a partir de octubre, tras la procesión a la Basílica de Luján), es increpado por un pelotón policial, que las amenaza con sus armas largas. "Si no se van de aquí tengo que proceder", les dice el oficial a cargo del grupo. Las Madres ni lo miran. Los diez, doce, quince canas que componen el pelotón esperan, sedientos, la orden de actuar. Entonces, el oficial insiste: "Preparen". Las Madres, nada. "Apunten", grita enseguida, más fuerte, con tono enérgico. El pelotón apresta sus armas, y apunta. Las Madres no se quedan en silencio: "¡Fuego!", les gritan, seguras, convencidas. El pelotón queda en ridículo; el oficial a cargo no sabe qué decir; sus hombres bajan las armas.



Precisamente hoy, jueves 30 de abril de 2015, las Madres de Plaza de Mayo cumplen 38 años de su primer encuentro político en esa Plaza que les dio el nombre, que fue su primer cobijo, y a la que siguen regresando, cada jueves por la tarde. Hoy también. Pensar a las Madres de Plaza de Mayo implica volver siempre a aquella imagen del comienzo.

¿Cómo separar a las Madres, sus celebraciones, del gesto más vital que supieron entregarle a la clase trabajadora, quizás como mayor legado: luchar, ponerse serias, ajustarse con doble nudo el pañuelo blanco bajo el mentón, y señalar al enemigo con nombre y apellido, para enfrentarlo sin dobleces ni postergaciones de ocasión?

Entre las actividades de conmemoración por su aniversario, las Madres previeron otra, absolutamente provocadora y punzante: ir a la puerta de Tribunales, a entregar en mano un ejemplar de un cuadernillo, en el que son contadas las historias públicas de una veintena de jueces, fiscales y del movedizo (por su habilidad para la pirueta ideológica, el giro político y la traición) sindicalista Julio Piumato. Debido a la lluvia, la actividad prevista para ayer fue aplazada para los próximos días.

Esa claridad de las Madres sobre la necesidad de enfrentar al Partido Judicial no vino del cielo: es producto de su experiencia. Entre las Madres y la corporación de jueces y fiscales hay una cuestión personal.



"Y VISTOS: … RESULTA:… POR ELLO:…RESUELVO: 1º) RECHAZAR el recurso de 'Habeas Corpus' interpuesto CON COSTAS A LA RECURRENTE" (mayúsculas y subrayados respetan la grafía original). Así reza en una copia de uno de los miles y miles de hábeas corpus rechazados sin más trámite por la justicia de la dictadura, y que las Madres conservan, prolijos y bien guardados, en su archivo documental, junto al nombre del verdugo de saco y corbata que lo firmó. "Con costas". Además de la burla de no investigar nada, de la cargada de preguntarles por teléfono a las autoridades militares si tenían en su poder a los "ausentados del hogar" –"¿Yo, señor? No, señor"; de dar por cerrada la acción judicial sin más trámite a pesar de las evidencias de las desapariciones masivas, de responder con la misma fórmula al planteo desesperado de las "recurrentes", la justicia argentina se tenía reservada una última bofetada para esas Madres: que paguen lo que no tenían.

Qué canalla la Justicia argentina, siempre tan quisquillosa ella. Tan circunspecta en sus cargos, sus formalidades, su apego a los modos y las normas. De 7:30 a 13:30, entrada por Talcahuano 550, traje y corbata, y si no, no. Con costas. Y si el que acudió a la Justicia no paga, intimación vía judicial. La madre de desaparecido que osó recurrir a un tribunal para averiguar dónde estaba su hijo secuestrado, a embargo de sus pocos bienes por el delito de preguntar, por la osadía de querer. Y sin embargo, en cuántos casos las Madres vendieron lo único que les quedaba para cumplir con el mandamiento y depositar en el Banco Nación lo exigido por los jueces de la dictadura. Porque las Madres no le deben nada a esa Justicia, ni un solo peso siquiera; es ese sistema judicial el que tiene un pasivo con ellas, que no mide en dinero y que las Madres, generosas y lúcidas como ellas solas, extienden a todo su pueblo y al gobierno nacional y popular.

El gran mérito político de las Madres es volver fértil la memoria, útil, dinámica y eficaz, no una pieza de museo, que permita leer por detrás de sus manifestaciones de superficie el fondo de la cuestión. Por ejemplo, la continuidad entre aquellos burócratas judiciales de ayer, tan culpables de los crímenes como los periodistas que los callaron, y estos jueces y fiscales golpistas de hoy, que esperan agazapados en sus altos puestos institucionales la oportunidad de frustrar el proyecto nacional.

Sin dudas, el Poder Judicial es por estas horas escenario de la mayor campaña golpista sufrida por la democracia argentina desde su recuperación. No habrá justicia democrática, ni legítima, ni bien considerada ante los ojos de su pueblo, hasta tanto sus hombres y mujeres, desde trabajadores hasta jueces de los más encumbrados tribunales de alzada no asuman el deber de transformarla drásticamente, para que deje de ser el último y más vigoroso enclave conservador de la institucionalidad democrática. A ellos principalmente interpelaron las Madres ayer, un día antes de su aniversario.



Ahora que tras tantos años de lucha empieza a cristalizar una apertura política en el país y el continente todo, ¿alguien cree que las Madres no harán lo imposible con tal de hacer que esa oportunidad histórica madure, prospere, profundice aún más? ¿Quién será el iluso de confiar que ellas no lograrán impedir que una derecha errante y vengadora, de atropellada, termine con los mayores logros de la década: fin de la impunidad, integración latinoamericana, condena oficial a la teoría de los Dos Demonios, planes asociativos entre el Estado y las organizaciones libres del pueblo, Ley de Medios, sostenidas políticas económicas de inclusión social, entre tantos otros?

Un saludable punto de no-retorno indica el preciso lugar desde el cual seguimos ascendiendo por el emocionante declive hacia el futuro de la Historia. Las Madres lo dejaron allí, ardiendo. Flamea. Alumbra y da calor. Ahora ya es un pueblo entero, diverso y múltiple, maduro y encantador, el que aprendió a gritar con ellas, desde ellas, "¡fuego!" Aquí no se rinde nadie.

(Tiempo Argentino, viernes 1 de mayo de 2015)

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