MENDOZA / Unidad. Sí, pero ¿cuál? / Escribe: Carlos Almenara






Las elecciones PASO, como todas, permiten hacer algunas lecturas.

La primera es que, a pesar de todo, el Frente para la Victoria sigue siendo la primera fuerza nacional.

No soy partidario de decir que “las urnas dieron un mensaje”. El voto nunca es unívoco, sus razones son variadas y a veces misteriosas. Expresa conductas individuales pero también condicionamientos grupales, de clase social o vinculados a diversas subculturas.

Sin embargo, en cada elección se refleja un cierto estado del humor social, del sentido común imperante, temas y miradas que prevalecen sobre otras.

Es decir, lo que hoy los medios concentrados publicitan como el “mensaje de las urnas” no es tal sino el mensaje de los medios al gobierno.


Vuelvo, en cada elección hay temas que prevalecen sobre otros. En esta elección, en mi opinión, el gran tema fue la “unidad”.

Si tuviera que definir cuál fue la gran promesa de los candidatos que más votos sacaron en los principales distritos, diría que fue un “futuro sin confrontaciones”. La publicidad de Stolbizer, la de “Argen” y “Tina”, aunque a mi criterio mal resuelta, marcaba bien el diagnóstico. Se presentaba una población dividida, la promesa fue terminar con esa división.

A esta altura no sirve alegar que esa división es producto de una manipulación mediática, intencionadamente construida según un guión practicado desde el primero de los programas políticos hasta el último de los periodistas del noticiero pasando por los autores de ficción del grupo hegemónico que se niega a cumplir la Ley de Medios de la democracia. No cambia las cosas el hecho de señalar que el mecanismo que usan es el de la “proyección”, consistente en imputar al alter lo que él mismo genera. El ejemplo de “proyección” más gráfico que recuerdo es el de las patronales sojeras impidiendo el paso de las ambulancias y desabasteciendo ciudades por las rutas que ellos mantenían cortadas, aprovechando la no represión de las protestas, y diciendo a las cámaras de TV lo prepotente que es el gobierno nacional.

Lo cierto es que se difundió una idea de que existe una división y sobre esa base se diseñaron las campañas.

La respuesta del Frente para la Victoria fue “en la vida hay que elegir”. Esto, que es una verdad entrañable, que es una razón de militancia, no fue un buen eje de campaña. Posicionó al kirchnerismo como responsable de la división, reforzando el lugar que pretendía asignarle el grupo Clarín.

El problema de la división no es un asunto baladí. Es un asunto antropológico de primer orden. Una de las ciencias que lo estudia es la sociología.

El kirchnerismo ha dado una demostración práctica, única en la historia argentina, de ofrecer un orden global, democrático y pacífico de integración y resolución de los conflictos.

Retomemos la publicidad de Stolbizer. Stolbizer y Alfonsín (h) dicen en su spot (no es literal pero sí fiel al concepto) que vienen a unir la Argentina para que no se diga más que se puede comer por seis pesos. Bueno... vaya unidad.


Primero, miente, porque esa cantinela de los seis pesos es un invento propagandístico de Clarín. Pero, lo principal, ¿qué clase de unidad es esa? Es la unidad de la supresión del otro, el mensaje allí es volveremos a estar unidos porque suprimiremos al kirchnerismo. Es el sueño de algunos comentaristas de estos medios que sienten que tienen legitimación para agredir, insultar, incitar al delito. Esas creencias no surgen de la nada, son el corolario natural del modo en que los medios hegemónicos inventan y manipulan “noticias”.

Como tampoco surge de la nada la idea de unidad que tiene Stolbizer. Ya se practicó con el golpe del ’30 y todos los posteriores, con el bombardeo a Plaza de Mayo del ‘55, y, tétricamente, en la última dictadura.

La división en Argentina se acaba, no hay más kirchnerismo, es la univoca gran promesa de Massa, Binner, Macri, De la Sota, Cobros, Carrió...

El kirchnerismo tiene chances de disputar la unidad. La unidad de los opositores es falsa unidad, es discurso único, es ocultamiento del débil, del pobre y del diferente.

¿Qué, sino enormes aportes a la unidad, son 5 millones de puestos de trabajo? ¿Las más de mil escuelas? ¿Las casi 3 millones de netbooks? ¿La cantidad de autopistas y rutas construidas? ¿Aerolíneas Argentinas? ¿YPF argentina y estatal? ¿Una inédita cobertura jubilatoria al 95% de los mayores? ¿Sacarnos de encima al FMI? ¿Volver a reclamar por Malvinas (y dejar de mandarle ositos “Winnie Pooh” a los kelpers como quiere Lanata)? ¿Mejorar la distribución del ingreso? ¿Memoria, verdad y justicia? ¿No son aportes a la unidad?

El kirchnerismo ha instalado como política, ojalá se transforme en política de estado, la no represión de la protesta social. No hay una imagen más límpida de cómo proponer un orden global inclusivo, respetuoso y hasta cuidadoso del conjunto. Este es un modelo de unidad. El que se expresa en el emocionante “La Patria somos todos”.

Los opositores han planteado su modelo de unidad. Da miedo.

Hasta fines de octubre estarán en disputa abierta y hay mucho por discutir. Hay mucho por pensar.

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