Apenas faltaban 12 minutos para que expirara el partido, cuando el director técnico de San Lorenzo, Juan Pizzi, decidió por fin poner en la cancha a la joya de Boedo, Leandro Atilio Romagnoli. Lo hizo con la esperanza de que la habilidad del diez perforara la férrea defensa que River Plate opuso anteanoche en el Monumental. Pizzi viene relegando al ídolo azulgrana por jugadores más jóvenes y sólo cedió cuando el empate estaba cantado, con lo cual el equipo azulgrana quedaría eliminado de la Copa Sudamericana. Fue muy poco tiempo para quebrar un resultado adverso.
El gobierno juega en tiempo de descuento para atender el mensaje de las elecciones primarias, que según analistas y consultores, se tradujo en una masiva demanda contra la inflación y la inseguridad. Nadie sabe si algunos de los que quebraron su contrato con el gobierno volverán en octubre. Pero el kirchnerismo juega sus cartas con la esperanza de reeditar el mito del ave Fenix, que renació de sus cenizas. A fin de mes estará listo el nuevo índice de precios minoristas, unos 4000 gendarmes fueron enviados al castigado Conurbano bonaerense y se votó el proyecto que reduce la presión fiscal sobre el salario. De paso, un millón y medio de trabajadores lo notarán en sus bolsillos.
La oposición no perdió la oportunidad de acusar a las medidas de "electoralistas", pero si la presidenta no hubiera escuchado estos reclamos, la estarían acusando de terquedad. Por otra parte, ejecutar políticas que sean luego premiadas en las urnas está en la naturaleza de la competencia democrática.
En todo caso, es criticable que el oficialismo haya esperado como Pizzi hasta el último momento, para atender viejas demandas, que se expresarían inevitablemente en las urnas.
Pero la oposición tampoco puede dormirse en los laureles, porque aunque algunas encuestas indican que Massa estirará la ventaja en la Provincia de Buenos Aires, otras revelan que el candidato kirchnerista, Martín Insaurralde, puede crecer, siguiendo la tendencia que exhibió en la campaña.
Lo más probable es que Massa aumente su caudal en las legislativas a expensas de otras fuerzas opositoras, especialmente la que lidera Francisco de Narváez. Esos trasvasamientos intraopositores no resultan decisivos para el gobierno en términos legislativos, ya que le votarán en contra tanto los diputados del Colorado como los del intendente de Tigre. En cambio, para Daniel Scioli y Mauricio Macri, el crecimiento de Massa consagraría otro competidor presidencial en 2015.
De todos modos, para eso faltan dos años y la sociedad argentina suele ser veleidosa. En poco tiempo, Cobos y Carrió pasaron de la gloria a Devoto y de allí regresaron a la gloria. En los últimos días, surgieron algunos datos que indican que la oposición puede reiterar después de diciembre, los errores cometidos tras la derrota kirchnerista en 2009. Ensoberbecida, comenzó a hablar entonces, igual que ahora, del "fin de ciclo" kirchnerista. Daban por agotado al modelo y los más apresurados comenzaron a probarse pilchas de presidente. Los intelectuales kirchenristas comenzaron a hablar de acciones "destituyentes". Tan disparatado fue el humor instalado, que hasta un colombiano creyó que podía ser presidente de la Nación. El mayor diario argentino publicó en tapa la posibilidad de una renuncia presidencial. Mariano Grondona hacía guiños cómplices a sus contertulios en televisión, con la idea de que el vicepresidente podía suplantar a la presidenta. Cobos había llegado a la cúspide con su voto "no positivo" y en las listas opositoras ingresaron a la cámara baja dirigentes de patronales del campo, el ariete con el cual se había vencido al gobierno.
Instalados en sus bancas, los diputados de la oposición anunciaron la constitución del "Grupo A", un conglomerado de diputados que sumaba papas y tomates. Con ese número mayoritario, de dudosa legitimidad, le arrebataron al bloque más numeroso, el del Frente para la Victoria, las presidencias de varias comisiones. Dicho de otro modo, se pusieron de acuerdo para restarle poder al gobierno y frenar sus proyectos. Pero no fueron capaces de producir juntos una sola ley nacional. Sumando a izquierda y derecha, la oposición fue mayoría durante dos años en la Cámara Baja. Pero ni siquiera los agrodiputados pudieron consensuar un proyecto de ley para rebajar las retenciones a las importaciones agrícolas, que habían sido el leitmotiv de su existencia política. El gran triunfador del 2009, Francisco De Narváez, no sabe cómo hacer hoy para contener a Hugo Moyano y a sus esmirriadas huestes.
Los kirchneristas sospechan que así como el Grupo A les arrebató entonces cargos en la comisiones legislativas, ahora planea quedarse con la presidencia de la Cámara Baja, con lo cual se quebraría la tradición parlamentaria de que ese sitial corresponde a la primera minoría que, con los resultados de las primarias, volvería a ser el FPV.
El kirchnerismo aprovechó los dos años posteriores a la derrota del 2009 para establecer mejoras sociales como la asignación universal por hijo y otros estímulos que mejoraron la vida de la gente. Cuando llegaron las elecciones de 2011, los grandes medios ponían en duda que Cristina Fernández pudiera ser reelecta en primera vuelta. Los analistas de los grandes diarios y de las emisoras de TV de mayor audiencia, describían un clima social tan hostil al gobierno, que les resultó luego imposible explicar por qué la presidenta había arrasado con el 54% de los votos.
Las situaciones son distintas. Si bien Hegel sostuvo que la historia se repite, Marx advirtió que "una vez como tragedia y otra vez como farsa".
En verdad, este momento político tiene en común con el de 2009 el hecho de que la oposición se siente exultante por el resultado de las primarias, sin advertir que –como entonces– la fuerza política más votada en el país fue el FPV. En medio de la crisis internacional, un gobierno sobre el cual pesan diez años de degaste de poder, aún controla casi un tercio del electorado. En aquella oportunidad, el oficialismo mermó su presencia en el Congreso y –de repetirse el resultado de las primarias– aumentaría ahora cinco diputados a su bancada, aunque perdería uno o dos senadores. Al igual que entonces, la oposición aparece fragmentada por diferentes proyectos personales y por matices políticos. Ninguno de los posibles candidatos enarbola un programa innovador, que avance sobre el actual modelo, sino que plantean regresos a un pasado nefasto. Eso es lo que planean Macri, Massa y el ya célebre "círculo rojo". La receta compartida por la derecha combina libertinaje de mercado, con libre cambio, endeudamiento externo y ajuste ortodoxo.
En realidad, la gran diferencia con aquel momento en el que el kirchnerismo logró renacer de las cenizas, es que hoy no cuenta con un candidato natural como fue Cristina Fernández. No hay un delfín aceptado por la coalición político-ideológica que sotuvo al FPV. Es una fuerza con el boleto picado, pero el proyecto socioeconómico tiene más vigencia que nunca. Daniel Scioli es el aliado que mejor mide en las encuestas, pero más allá de los acuerdos sellados para atravesar esta coyuntura electoral, no pocos kirchneristas de paladar negro se niegan a tragar ese remedio. Quieren que Cristina saque a la cancha a un exquisito como Romagnoli, para que juegue hasta el 2015.
(Diario Tiempo Argentino, sábado 7 de setiembre de 2013)









