MENDOZA / La edad de bronce / Escribe: Alberto Lucero






El bronce fue una extraordinaria innovación tecnológica iniciada en la Mesopotamia 3.500 años a.C., que permitió reemplazar los antiguos instrumentos de piedra, madera y hueso, logrando armas más eficientes y nuevas herramientas cortantes. Los artesanos y artesanas de la minería y de la metalurgia, formaban al comienzo comunidades de trabajadores libres, que no producían su propio alimento, sino que dependían en buena parte de los excedentes intercambiados con otras comunidades, cuya economía era fundamentalmente agropastoril.

El cobre y el estaño, las materias primas necesarias para producir la aleación que se denomina bronce, se encuentran generalmente en terrenos montañosos o desérticos, distintos a las planicies fértiles preferidas generalmente por los agricultores neolíticos y entonces la metalurgia del bronce estaba en manos de especialistas en la minería, el transporte, el procesamiento de los minerales, la manufactura y la distribución de los objetos de bronce.



Estos grupos especializados, si bien dependían de los alimentos producidos por las comunidades de campesinos y pastores que vivían en sus áreas de influencia, empezaron a dominarlos gracias a la exclusividad de las nuevas armas metálicas e iniciaron el control de la producción y de la distribución de todos los bienes materiales.

Así en la Edad del Bronce tardío y luego en la Edad del Hierro, se constituyeron cacicazgos y señoríos, gobernados por un jefe principal o rey, quién fabricaba los bienes de bronce y disponía de otras materias primas obtenidas por intercambio comercial.

Los vasallos que habitaban alrededor de cada centro, pagaban a su Señor tributos en esclavos, materias primas diversas y bienes terminados.

Durante los siglos X a IX a.C., las formaciones sociales se consolidaron en una estructura aristocrática de acuerdo con la propiedad de las tierras, ganados y minas, por parte de la clase dominante, dando nacimiento a los primeros Estados y aparece allí el germen del capitalismo.

Dado que el comercio marítimo era el único medio viable de intercambio mercantil para distancias medias o largas, el Mediterráneo se convirtió en el privilegio físico de la civilización antigua, desplazando el centro de gravedad del mundo antiguo hacia la Península Itálica e imprimiendo al modo de producción esclavista iniciado en Grecia un mayor dinamismo; adoptar el alfabeto fenicio alrededor del siglo VIII a.C. hizo posible la creación de un vehículo para el pensamiento abstracto y la literatura.

Para el siglo VII a.C., el Mediterráneo se encontraba bajo el dominio de cuatro pueblos: los tartesos, los griegos, los etruscos y los fenicio-cartagineses. Los tartesos, los fenicios-cartagineses y los griegos dominaron el comercio marítimo en tanto los etruscos y los fenicio-cartagineses, controlaban el comercio terrestre hacia los Alpes y los Balcanes.



A partir de allí, el hombre empezó a explotar todas las riquezas minerales de la corteza terrestre y lo hizo con tal eficiencia que algunos minerales ya están prácticamente agotados.

Tal es el caso del oro, que ya no se encuentra en vetas superficiales y solo quedan minas en cavernas, como en Sudáfrica; también quedan los yacimientos de oro llamados “diseminados”, es decir, donde la concentración es muy baja, del orden de 3 a 5 gr de Oro por Tn de roca.

Para estos yacimientos, la única forma rentable de obtener el Oro es por el método de “Lixiviación”, es decir, lavar la roca finamente molida con muchísima agua, mezclada con Cianuro para disolver el Oro y la Plata. Esa solución se lleva al laboratorio y allí se logra la llamada barra de “metal doré”, que se envía a los países centrales para su refinación y almacenamiento.

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