Con corbata gris, un impecable traje azul y una cabellera en la que aún no se asomaba ni una cana, hace treinta años Raúl Alfonsín se sentaba ante el Congreso y brindaba el que sería uno de sus discursos más emocionantes. “Con la democracia se come, se educa y se cura”, dijo el 10 de diciembre de 1983 quien se había impuesto en las elecciones presidenciales con el 51,75 por ciento de los votos sobre el justicialista Italo Luder. De esta manera, se empezaba a escribir un nuevo capítulo en la historia argentina y se dejaba atrás el largo ciclo de golpes de Estado y una de las etapas más oscuras y cruentas que vivió el país: la última dictadura militar.
Discurso de asunción de Raúl Alfonsín
Sin embargo, a tres décadas de esa vuelta de página y al analizar la relación de las Fuerzas Armadas con el sistema democrático, los meses de verano siguen siendo tiempos de sensibilidad para la sociedad argentina: la mayoría de los alzamientos y sublevaciones de los militares durante los gobiernos de Alfonsín y Carlos Menem se desarrollaron en diciembre y enero y provocaron que la democracia tambaleara más de una vez.
Con ese escenario histórico, pero sin alejarnos demasiado en el tiempo, muchos medios lanzaron la alarma social y sostuvieron que las rebeliones policiales de diciembre de 2013 o la de Gendarmería en 2012 venían a poner un manto de sombra e intentaban opacar los festejos por los treinta años de democracia. Así fue como parte de la sociedad comenzó a preguntarse qué tan fuerte estaba nuestro sistema democrático y qué tan lejos estábamos de esos momentos que pusieron en jaque al gobierno de Alfonsín y lo obligaron a negociar cara a cara con los militares.
Por ello INFOnews consultó a diferentes especialistas, referentes políticos y ex militares, para analizar cómo es hoy la relación entre los uniformados y las instituciones constitucionales. ¿Es posible una reconciliación de las Fuerzas Armadas con la sociedad civil? Los desafíos que se vienen y la democratización de las Fuerzas: un repaso necesario para saber dónde estamos y hacia dónde vamos.
“PARA EL PUEBLO LIBERACIÓN”: el poder civil y la lucha por no volver atrás
“Más allá de las dificultades y de los problemas de estos treinta años, hay un consenso social muy fuerte en cuanto a la posibilidad de volver a posiciones autoritarias o gobiernos no populares”, sostuvo Eduardo Jozami, director nacional del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, al referirse la serie de autoacuartelamientos por parte de los efectivos policiales en 21 provincias.
Del mismo modo, el especialista en defensa y doctor en Ciencia Política, Miguel Ángel Barrios, remarcó que hoy la relación de las Fuerzas Armadas en la Argentina “está absolutamente subordinada” al control y al gobierno político de la defensa nacional. “Se ha superado la función delegativa que hacían desde el poder político para que las Fuerzas Armadas se autogobiernen”, sostuvo, y aclaró que esto es “un resultado del periodo de gobierno que se ha iniciado en el 2003”.
En diálogo con INFOnews, el ministro de Defensa Agustín Rossi, alejó a las Fuerzas Armadas de ese conflicto por reclamos salariales y también afirmó que “están fuertemente subordinadas a un poder político legítimamente constituido”. En ese sentido, sostuvo que “tenemos una muy importante conducción civil de las fuerzas. La conducción de la política en esta área está en manos del poder civil”.
Según explicó el funcionario, lo que ha pasado hacia el interior de las policías provinciales es que hay un debate a saldar: garantizar la conducción política de las fuerzas de seguridad. “Lo que voy a decir parece muy básico desde el punto de vista del derecho penal: los ciudadanos renunciamos a la posibilidad de portar armas para cedérselas en uso a la fuerza pública de cada provincia, pero no para que las usen como extorsión”, sostuvo Rossi.
Es que, así como en los ’80 fue la misma sociedad civil la que salió a la calle a defender “su” Democracia y evitar los intentos golpistas, tras tres décadas de gobiernos democráticos es el pueblo quien tiene el real poder. “El desafío es no volver atrás”, remarcó Jozami en ese sentido.
“TODO ESTÁ CARGADO EN LA MEMORIA”: Alzamientos y presiones de los uniformados sobre los primeros gobiernos democráticos
El gobierno de Raúl Alfonsín estuvo permanentemente amenazado por sectores castrenses que se negaban a aceptar el enjuiciamiento por violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar anterior.
Así fue como una serie de levantamientos y sublevaciones militares que se desarrollaron durante la Semana Santa de 1987 lo obligaron a negociar lo que muchos consideraron un verdadero retroceso en materia de derechos humanos.
Ante un permanente estado de insubordinación de las Fuerzas Armadas que hicieron tambalear al gobierno democrático más de una vez, y con el fin de “evitar derramamientos de sangre”, como él mismo le dijo al pueblo en su discurso de Pascuas, el presidente que había cumplido con el juzgamiento a los miembros de la Junta Militar debió negociar con los uniformados amotinados. Pese a que en 1986 ya había sancionado la Ley de Punto Final, debió imponer la Ley de Obediencia Debida, sancionada en 1987.
“Era una democracia absolutamente tambaleante, porque nunca se pudo sacar a un gran número de jefes oficiales responsables de haber tolerado y ejecutado el terrorismo de Estado”, recordó sobre aquella seguidilla José Luís García, coronel retirado y presidente del Centro de Militares para la Democracia Argentina (CEMIDA).
El cuarto alzamiento militar vendría el 3 de diciembre de 1990, ya con Carlos Menem en el Sillón de Rivadavia, y a pesar de los entonces recientes indultos realizados por el presidente riojano. El resultado: días después Menem completó las amnistías, dando la libertad a los miembros de la Junta y otros militares y civiles, varios de ellos condenados a prisión perpetua: Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera, Roberto Eduardo Viola, Ramón Camps y el ex ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz. Sólo Mohamed Alí Seineldín permaneció en prisión hasta mayo de 2003, cuando fue indultado por el presidente interino Eduardo Duhalde.
“NUNCA MÁS”: el juzgamiento a los militares durante el kirchnerismo
Y hubo una vez en que los militares acusados por delitos de lesa humanidad se sentaron otra vez en el banquillo: hace diez años se declaraba la inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final durante el gobierno de Néstor Kircher.
El 11 de agosto de 2003, el ex presidente firmó el decreto de adhesión del Estado argentino a la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de Lesa Humanidad, y en paralelo envió al Congreso Nacional un proyecto de ley para darle rango constitucional a esta Convención. Al día siguiente, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que finalmente quedó convertido en ley ocho días más tarde, con la sanción en el Senado.
Al recordar y destacar el enjuiciamiento a los responsables de los delitos de terrorismo de Estado, Eduardo Jozami afirmó: “Es un proceso que al principio avanzó con dificultad, reparos y demoras en la Justicia, pero que luego fue tomando un ritmo muy importante”.
“Se han extendido los juicios a todo el país, incluso a lugares en los que creíamos que jamás pasaría. Eso obviamente tiene una influencia muy grande sobre el conjunto de las Fuerzas Armadas y hasta diría que modifica la situación que se establece en los años ’90, donde se planteaba otra relación de las Fuerzas con la sociedad argentina y que se hacía sobre la base de los indultos y las leyes de impunidad”, analizó.
Por su parte, el coronel retirado José Luís García coincidió: “Uno de los momentos mas destacables de la etapa del kirchnerismo es cuando declara la inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y pone en ejecución nuevamente los juicios a los responsables del terrorismo de Estado”. Tras enfatizar que “lo que importa es que la democracia no debe ser atacada”, sostuvo: “Y si alguno la atacó, entonces debe ser llevado a Tribunales como corresponde. Ese es el elemento clave de este gobierno”.
En la actualidad, se llevan adelante juicios por delitos de lesa humanidad en casi la totalidad del país y fueron juzgados más de trescientos militares de las tres armas, policías federales y provinciales, agentes de inteligencia (de Argentina y Chile), de Gendarmería o del Servicio Penitenciario Federal. Jorge Rafael Videla, Luciano Benjamin Menéndez, Jorge Eduardo “El Tigre” Acosta, Alfredo Astiz y Carlos Capdevilla, fueron algunos de los genocidas condenados a prisión perpetua.
“A PESAR DE LOS GOLPES”: ¿Es posible una reconciliación?
Al ser consultado por INFOnews sobre si avanzamos hacia una reconciliación entre las Fuerzas Armadas y la sociedad civil, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, prefirió no utilizar ese término y hablar de “puentes”. Según explicó, hay una serie de acciones que llevan adelante las Fuerzas Armadas que permiten construir esos puentes, tales como el accionar de los uniformados en tragedias como la explosión en Rosario.
“Lo que he sentido en este tiempo es que esta convocatoria de integración con la sociedad civil es muy bien recibida. Hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas se sienten parte integrante del pueblo, como debe ser. Y como todos, buscan que este nivel de cercanía con la sociedad civil les permita una relación más armónica con el resto de la sociedad”, remarcó el ministro sobre el personal a su cargo.
Discurso de Néstor Kirchner durante la creación del Museo de la Memoria (Ex ESMA)
Para Jozami también “es prematuro” hablar en términos de reconciliación: “Lo importante hoy es que se siga avanzando en los juicios y que la sociedad entera haga un análisis más claro de aquellos años”.
“Este no es un proceso que podamos dar por terminado. No se puede hablar aún de reconciliación, sino que hay que plantearlo en términos de mediano y largo plazo que tiende a esta democratización de las fuerzas y su absoluta subordinación al poder civil”, afirmó.
“SENTIMIENTO ARMAMENTISTA”: ¿Hacia dónde vamos? Democratización de las Fuerzas Armadas
La incorporación de materias como Derechos Humanos a la currícula, la derogación de las leyes de Justicia Militar, la modificación de los planes de estudio y la creación de la Universidad para la Defensa son algunas de las medidas para la democratización de las Fuerzas que se llevaron adelante durante la dirección de Nilda Garre, primero, y de Rossi, en la actualidad.
“Se han tomado medidas destacables e interesantes. Hay que seguir con esta línea, con esta política permanente del Estado; todo lo que se avance en ese terreno es bueno y va a llevar a una mayor consolidación de las instituciones democráticas en Argentina”, analizó Jozami.
“Durante muchos años hablamos de la cuestión militar en relación con la democracia y poco de la política de defensa”, sostuvo Rossi. Para el ministro, medidas como la Universidad para la Defensa o la incorporación de Derechos Humanos a la currícula, “son ventanas que abrimos para que la sociedad civil vea la totalidad de lo que hacen las tres armas, sin descuidar la misión principal que nos da la Ley de Defensa Nacional, que es el adiestramiento para la situación límite de una agresión militar externa”.
Para el especialista en defensa Miguel Ángel Barrios, la Argentina “se encuentra en una inmejorable situación en relación al contexto regional”. Según explicó, el mejor ejemplo de ello es que aquí funciona el Centro Estratégico del Consejo Suramericano de Defensa de Unasur, encargado de elaborar una doctrina en seguridad cooperativa que reemplace a la vieja doctrina de seguridad nacional.
“Tenemos un alto nivel de conformidad con los jefes de cada fuerza y con los del Estado Mayor Conjunto. Son vehículos y ejecutores eficientes de esta nueva política de integración de las Fuerzas Armadas en la construcción de la nación que ha convocado la Presidenta. Han sabido plantearle a los suyos el horizonte de acá a veinte años de cómo deben ser las fuerzas armadas en adelante. Darles un horizonte era un imperativo histórico y me parece que vamos en esa vía”, remarcó Rossi.
Mientras que entre el 85 y el 86 por ciento de los integrantes de las Fuerzas recibieron su sable de manos de Alfonsín, Menem, De la Rua, Duhalde, Kirchner o Cristina Fernández, a treinta años de que Víctor Heredia entonara por primera vez “Aquellos soldaditos de plomo”, la sociedad sigue teniendo el mismo deseo: “Quiero de nuevo el honor aunque no existan victorias / Quiero llorar con la gloria de una marcha militar y un banderín agitar frente a un ejército popular”. Con una democracia madura y en busca de una reconciliación final con las Fuerzas Armadas, hacia allá vamos.
(Diario Tiempo Argentino, domingo 26 de enero de 2014)










