MENDOZA / Destituyentes now / Escribe: Roberto Follari






Un patrón agropecuario acaba de lanzarlo sin ponerse colorado: "Hay que desaparecer a los miembros de este gobierno". Golpismo desembozado de parte de quienes gozan de la democracia, pero añoran la autocracia. Burla a las instituciones, pero hecha -supuestamente- en defensa de las mismas; porque la intolerancia de estos sectores hacia un gobierno que no hace lo que ellos quieren, la viven como si fuera intolerancia practicada por el gobierno.


Así de invertida está la mirada de un sector de nuestras clases medias. Se van de vacaciones permanentemente como nunca antes, pero dicen estar mal. Hay problemas de tránsito porque se ha comprado autos como nunca, pero habrá que despotricar por el tránsito lento. Ahora hay excedentes económicos para ahorrar, pero se protestará porque el plazo fijo no da lo suficiente. Gracias a la negociación por la deuda no estamos en unos ilevantables 300.000 millones de deuda externa y ya nadie habla del riesgo país, pero están en contra de la Argentina y en favor de los fondos buitre, que pretenden arruinar esa negociación. Dicen que las Malvinas son argentinas, pero se regocijan porque la prensa británica habla mal de nosotros. Y así siguiendo.

En estos días, algunos ciudadanos de clase media y alta pretenden movilizarse para ir contra la reforma de la justicia. Una justicia que ha actuado, hasta ahora, acorde al lugar que el sistema social y político le ha asignado. Y que puede tener un sitio más funcional para la sociedad, si ésta decide asumirlo. El gobierno ha decidido afrontar esa situación, ¿será malo que los jueces paguen impuestos, como lo hace la mayoría de los ciudadanos? ¿no es deseable que se conozcan sus declaraciones de bienes? ¿no es bueno que las cautelares tengan un límite de tiempo, para que tengamos en un plazo determinable sentencias definitivas? ¿no nos favorece a todos que haya Cámaras de Casación que impidan que la Corte Suprema esté excedida por el número de expedientes?


Ciertas oposiciones resumen brutalmente todo en un impertinente "el gobierno quiere quedarse con la justicia". No demuestran nada al respecto, pero lo dicen y convencen a los que quieren convencerse, a los que están en contra antes de saber de qué se trata. Pues este gobierno es el que saneó como ninguno la Corte Suprema de Justicia, y el que ha sido afectado no por una "justicia independiente" sino, muy al revés, por una Cámara donde hay un juez que fue con su familia a Miami pagado por un grupo mediático ligado a la causa en que ese juez decide. La justicia tiene que ser independiente del gobierno, pero también independiente de las oposiciones políticas y de las corporaciones empresarias. Lo cual, ciertamente, no siempre ocurre.

Hay quienes quieren practicar el golpismo en la calle. Porque hay todo el derecho a manifestarse, pero ninguno a pedir que el gobierno deje de cumplir con su período constitucional. Hay derecho a peticionar a la presidenta, no a pedir que ella se muera. Hay derecho a reclamar, no a insultar, y mucho menos a gritar perentoriamente "que se vayan!!", como si los gritos de un cúmulo de personas pudieran reemplazar al voto popular.


La perversidad mediática trabaja para lo destituyente permanentemente, fomenta el enojo de la población acorde a los manuales del "golpe de Estado blando" lanzados desde el norte. Tiran la piedra y esconden la mano; cuando un grupo de matones sale a golpear a jóvenes en La Plata, dicen sentirse molestos por esa violencia que ellos mismos han fomentado. Cuando la aristocracia agropecuaria se va de boca llamando a "desaparecer" a quienes el pueblo eligió ("desaparición", palabra cargada de dolor en nuestra historia nacional), fingen rechazo a lo que esos mismos medios han propiciado y posibilitado.

La calle sirve para protestar, pero no para construir. Las oposiciones tendrán que hacer algo más que expresarse contra un gobierno que no está para sólo permanecer, sino que ha decidido hacer cambios. Que, por ello, produce las resistencias que todo cambio implica. Si el gobierno durmiera la siesta a lo De la Rúa, viviría en paz; claro, hasta que un día estallara todo, porque no hacer nada es dejar gobernar a las multinacionales y los poderes fácticos en bloque, y por ello caminar despaciosamente hacia el abismo.


Es que quien hace, transforma, mueve lo existente. Y por ello, los defensores de lo existente lo rechazan. Están en su derecho, siempre que asuman que con la calle no basta: hay que presentar una alternativa político-partidaria viable y poderosa. Algo que, por cierto, esas oposiciones están por ahora muy lejos de mostrarse capaces de promover.-

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