HISTORIA / La Patria Grande perdida (segunda parte) / Escribe: Alberto Lapolla






(viene de la edición de ayer)

De allí que a Don Manuel le cayeran críticas por igual de liberales y revisionistas, acusándolo de 'iluso', de 'poco serio', de 'propuesta disparatada', de 'monárquico'. De 'conspiración de generales' lo llamó la prensa probritánica porteña capitaneada por Manuel de Sarratea usando la pluma mercenaria de Pazos Silva -en realidad Pazos Kanki, un escriba a sueldo de los intereses porteños - dado que los involucrados en la idea eran los Generales Belgrano, San Martín y don Martín Miguel de Güemes. El mismo ex secretario de don Manuel en el ejército del Norte, Tomás Manuel de Anchorena lo acusará de monárquico cuando Belgrano proponga la monarquía Inca, pero aceptará de muy buen grado -como el resto de los directoriales porteños- la propuesta de coronar al príncipe De Luca o a algún miembro de la familia real española. Posición que alentaba desde Londres el espantado don Bernardino, desconsolado ante la perspectiva de tener 'un rey de la casta de los chocolates' un 'cuico' 2

Nosotros 'somos gente decente'

La historia oficial esconde que el Congreso aprobó esta medida 'por aclamación' 20, pero por mayoría simple y no por los dos tercios necesarios, debido al fuerte boicot de los diputados porteños que no podían concebir 'tamaño disparate: ¿Un Indio en el trono? Finalmente Buenos Aires logrará destruir el proyecto trayendo el Congreso a Buenos Aires, cambiando la voluntad de algunos diputados y reemplazando a los que no querían mudar de opinión.


Tomás Manuel de Anchorena no deja dudas sobre como cayó el planteo de Belgrano sobre los hombres de Buenos Aires y qué pensaba la 'gente decente' al respecto. 'Los diputados pues,... estaban en la creencia de que si juzgaban conveniente al fijar la suerte del país al proclamar y establecer una monarquía constitucional... podían hacerlo en cumplimiento de su deber.(..) Por esto fue que habiéndose llamado al General Belgrano a la sala de sesiones, para que informase cual era el juicio que él había traslucido en su viaje a Europa y tuviesen formados los gabinetes europeos sobre la clase de forma de gobierno que más conviniera los nuevos estados de América, contestó que estaban, a su vez decididos por la forma monárquica constitucional. Y habiéndole respuesto que con respecto a nosotros, ¿en quién creía él que a juicio de esos mismos gobiernos podríamos fijarnos?, contestó que a su juicio particular debíamos proclamar la monarquía de un vástago del Inca que sabía existía en el Cuzco.... Al oír esto los diputados de Buenos Aires y algunos otros nos quedamos atónitos por lo ridículo y extravagante de la idea, pero viendo que el general insistía en ella, sin embargo de varias observaciones que se le hicieron de pronto, aunque con medida, porque vimos brillar el contento en los diputados cuicos del Alto Perú, en los de su país asistentes a la barra y también en otros representantes de las provincias, tuvimos por entonces que callar y disimular el sumo desprecio con que mirábamos tal pensamiento, quedando al mismo tiempo admirados de que hubiese salido de boca del Gral. Belgrano. El resultado de esto fue que al instante se entusiasmó la cuicada y una multitud considerable de provincianos congresales y no congresales. Pero, con tal calor, que los diputados de Buenos Aires tuvimos que manifestarnos tocados de igual entusiasmo por evitar una dislocación general en toda la república'. 3

Anchorena 'aclara que no le molesta la idea de la monarquía constitucional, pero sí en cambio que se pusiese "la mira en un monarca de la casta de los chocolates, cuya persona si existía, probablemente tendríamos que sacarla borracha y cubierta de andrajos de alguna chichería para colocarla en el elevado trono de un monarca'. 4

El Incario fundante

El Plan Inca aporta a una nueva línea fundante de un nuevo revisionismo, el de mirar a la historia americana desde la perspectiva de las masas indias, es decir de los pueblos masacrados, esclavizados y sojuzgados por el imperio español. Esta línea debía necesariamente hacer partir la emancipación americana desde la gran rebelión de Túpac Amaru. Así lo reseña Astesano y lo señalan nuestros próceres liminares en particular Castelli, Moreno y Belgrano, quienes ven en la gran revolución del Inca descuartizado, en los cien mil indios sublevados asesinados por los 'civilizados' españoles, el origen de nuestra gesta liberadora y no en las invasiones inglesas, como pretende el liberalismo probritánico de Rivadavia, Mitre, Sarmiento y Vicente Fidel López; pero también el nacionalismo hispánico de Palacio, Irazusta o Ibarguren. Los propios españoles tenían claro de qué se trataba y de cuándo había comenzado todo: la policía política imperial llamaba a nuestros revolucionarios de 1810-25 los tupamaros, no dejando dudas respecto de cuando España comenzó a temer la pérdida de sus colonias. Plantear la historia desde los indios es un hecho fuertemente, subversivo. Es plantear la historia desde los malditos, desde el abajo. Desde los más pobres, los mayoritarios, la plebe más plebe. Para una historia que se basa en la 'gente decente', al decir de los rivadavianos, directoriales, unitarios y liberales, ellos son lo maldito. Serán la chusma, los salvajes, los infieles, la negrada, los cabecitas, los grasitas, los descamisados, los negros de mierda, los piqueteros. Mirar desde allí y darle el lugar del componente mayoritario y principal de nuestro pueblo y de nuestra historia -en 1816 en Buenos Aires no había más de 60.000 habitantes. Desde Córdoba a Lima habitaban 2.5 millones de americanos, claro que mayoritariamente indios. También es negar la 'superioridad' europea, fuera ella hispana o franco-británica. Es negar la razón de los genocidios fundantes a través del slogan exterminador de 'civilización o barbarie'. No por casualidad la línea que terminará difundiéndose de esta corriente francamente revolucionaria, no será la de Astesano, sino la de Abelardo Ramos, que más allá de sus grandes aportes a la historia hispanoamericana terminará reivindicando a Roca como fundador del estado nacional, negando o justificando el genocidio tehuelche, araucano y pampa. Astesano profundizando lo señalado por José Carlos Mariátegui, ubicará al indio como el eje central de la emancipación y al socialismo del Incario como base de una nueva sociedad en América. Así lo habían pensado nuestros próceres que soñaban en una revolución popular, india gaucha, mestiza y negra. Con el pueblo que había, no con otro traído de Europa. Si la revolución debía liberar y democratizar la vida de las masas, en primer lugar debía ser la de las masas indias, negras y mestizas. Ese era el pensamiento liminar de Moreno, de Castelli, de Belgrano, de San Martín, de Monteagudo, de Güemes y de Artigas. De allí que ellos sean los grandes derrotados de la emancipación americana, hecho por supuesto negado por la historia mitrista. De allí nuestra revolución inconclusa, vaciada de contenido, transformada en una nueva dominación imperial, primero Británica y luego norteamericana. Causa y efecto de la fragmentación de la nación hispanoamericana. De allí que la segunda emancipación sea asignatura pendiente y aflore en cada encrucijada histórica de Nuestra América y pueda ser cantada por Túpac Amaru, por San Martín, por Bolívar, por Artigas, por Belgrano, por Sucre. Pero también por Martí, por Ugarte, por Sandino, por Perón, por Allende, por Fidel, por el Che y por Chávez.


Juan Bautista Túpac Amaru

'Parecía tener por objeto propiciar la candidatura al fantástico trono de un descendiente de José Gabriel Túpac Amaru, que con el mismo nombre hacía treinta y cuatro años yacía cautivo en las mazmorras españolas.(..) Este candidato vino a Buenos Aires en 1822 a la edad de 80 años, después de 40 años de cautiverio, donde por orden del Gobierno que le señaló una pensión, escribió una relación de sus padecimientos bajo el título "El dilatado cautiverio bajo el gobierno español de Juan Bautista Túpac Amaru, 5º nieto del último emperador del Perú.' 18 La propuesta de Belgrano no era ociosa. En Ceuta -el África colonial española- estaba preso desde hacía casi cuarenta años el hermano menor del gran Condorcanqui, el único sobreviviente de la destrozada familia tupamara: Don Juan Bautista Túpac Amaru. Un anciano ya. Juan Bautista estaba al tanto de los avatares de la causa americana, hacía unos años había caído a su prisión africana su tocayo, nuestro héroe Don Juan Bautista Azopardo -preso de los españoles desde 1810, cuando la derrota en el primer combate naval en San Nicolás-. Azopardo alegró el corazón del anciano Inca llevándole noticias de la nueva revolución que sacudía el continente y se inspiraba en la iniciada por su hermano 30 años antes.

(sigue en la edición de mañana)

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