
Nacimiento de Manuel Belgrano - 3 de Junio de 1770
En el libro parroquial de bautismos de la Iglesia Catedral de Buenos Aires, iniciado en el a帽o de 1769 y concluido en el de 1775, se lee al final de la p谩gina 43: "En 4 de junio de 1770, el se帽or doctor don Juan Baltasar Maciel can贸nigo magistral de esa santa iglesia Catedral, provisor y vicario general de este obispado, y abogado de las reales audiencias del Per煤 y Chile, bautiz贸, puso 贸leo y crisma a Manuel Jos茅 Joaqu铆n del Coraz贸n de Jes煤s, que naci贸 ayer 3 del corriente: es hijo leg铆timo de don Domingo Belgrano P茅rez y de do帽a Josefa Gonz谩lez: fue padrino D. Juli谩n Gregorio de Espinosa".
Naci贸 nuestro h茅roe, cuarenta a帽os antes de la gran revoluci贸n que lo inmortaliz贸 y a la que sirviera con abnegaci贸n ejemplar.
Manuel Belgrano fue el cuarto hijo de un matrimonio que tuvo ocho varones y tres mujeres. El padre, Domingo Belgrano y Peri, hab铆a llegado al Plata en 1751. Era genov茅s. En Buenos Aires prosper贸; obtuvo la naturalizaci贸n; integr贸 el n煤cleo de comerciantes importantes; se cas贸 en 1757 con do帽a Mar铆a Josefa Gonz谩lez Casero -de antiguo arraigo en la ciudad-, y dio a su numerosa familia, educaci贸n esmerada y vida c贸moda. Los hijos correspondieron a la solicitud de los padres: sirvieron al Estado en la milicia, en la administraci贸n o el sacerdocio, con dedicaci贸n y brillo.
Quebrantos financieros en los 煤ltimos a帽os de su vida -muri贸 en 1795- motivados por un proceso en el cual se vio implicado sin raz贸n, le crearon situaciones dif铆ciles. Los hijos se hicieron cargo de las obligaciones pendientes, al abrirse la sucesi贸n. Y la gloria de su cuarto v谩stago arranc贸 para siempre del an贸nimo a este esforzado comerciante ligur que tuvo confianza en la generosa tierra del Plata.
Belgrano curs贸 las primeras letras en Buenos Aires. En el Colegio San Carlos, bajo la direcci贸n del Dr. Lu铆s Chorroar铆n, estudi贸 lat铆n y filosof铆a, acord谩ndosele el diploma de licenciado en esta 煤ltima disciplina el 8 de junio de 1787, cuando ya se encontraba en Espa帽a adonde lo hab铆a enviado su padre para instruirse en el comercio.
Sin embargo, fue en la Universidad de Salamanca, donde se matricul贸, gradu谩ndose de abogado en Valladolid en 1793. Poco ha contado Belgrano de su paso por las aulas peninsulares. M谩s le interesaron las nuevas ideas econ贸micas, las noticias de Francia y su revoluci贸n - filtradas a pesar de la rigurosa censura -, las discusiones de los cen谩culos madrile帽os donde se hablaba de los fisi贸cratas - m谩gica palabra - y hac铆an adeptos Campomanes, Jovellanos, Alcal谩 GaIiano.
Conoci贸 la vida de la Corte , viaj贸 por la Pen铆nsula , ley贸 a sus autores predilectos en franc茅s, italiano e ingl茅s; cultiv贸, en fin, su esp铆ritu.
Cercana la hora del regreso recibi贸 a fines de 1793 una comunicaci贸n oficial en Ia que se le anunciaba haber sido nombrado Secretario perpetuo del Consulado que se iba a crear en Buenos Aires. En febrero de 1794 se embarc贸 para el Plata. Iniciaba, as铆, a los veinticuatro a帽os de edad, su actuaci贸n p煤blica. Hasta su hora postrera, estar铆a consagrado a servir a sus compatriotas.
Apoy贸 la creaci贸n de establecimientos de ense帽anza, como las Escuelas de Dibujo y de N谩utica. Redact贸 sus reglamentos, pronunci贸 discursos, alent贸 las vocaciones nacientes y trat贸 de dar solidez a estas escuelas, prontamente anuladas por la incomprensi贸n peninsular.
Hall贸 todav铆a tiempo para traducir un libro de Econom铆a Pol铆tica, redactar un op煤sculo sobre el tema, contribuir a la fundaci贸n del "Tel茅grafo Mercantil", e interesar a un grupo de j贸venes que como 茅l deseaba lo mejor para su patria, en los principios fundamentales de la econom铆a pol铆tica. No descuid贸, sin embargo, su tarea espec铆fica de secretario del Consulado, donde, detallada y cuidadosamente, redactaba las actas. Durante una d茅cada - agitada ya por fermentos e inquietudes -- se prepar贸 para manejar a los hombres y encauzar los acontecimientos. El primer ca帽onazo del invasor ingl茅s - que precipit贸 los hechos- alejar谩 a Belgrano de su bufete, para lanzarlo a la acci贸n.
Su actuaci贸n durante las Invasiones Inglesas (1806-1807)
El 27 de junio de 1806 fue un d铆a de luto para Buenos Aires. Bajo un copioso aguacero desfilaron hacia el Fuerte los 1.500 hombres de Beresford, que abatieron la ense帽a real, mientras el virrey Sobremonte marchaba, apresurado, hacia C贸rdoba.
Belgrano - capit谩n honorario de milicias urbanas - hab铆a estado en el Fuerte para incorporarse a alguna de las compa帽铆as que se organizaron y que nada hicieron, luego, para oponerse al invasor. "Confieso que me indign茅; me era muy doloroso ver a mi patria bajo otra dominaci贸n y sobre todo en tal estado de degradaci贸n que hubiera sido subyugada por una empresa aventurera, cual era la del bravo y honrado Beresford, cuyo valor admiro y admirar茅 siempre en esta peligrosa empresa".
D铆as m谩s tarde los miembros del Consulado prestaron juramento de reconocimiento a la dominaci贸n brit谩nica. Belgrano se neg贸 a hacerlo, y como fugado, pas贸 a la Banda Oriental , de donde regres贸, ya reconquistada la ciudad, aunque hab铆an sido sus prop贸sitos participar en la lucha popular.
Al organizarse las tropas para una nueva contingencia, Belgrano fue elegido sargento mayor del Regimiento de Patricios. Celoso del cargo, estudi贸 rudimentos de milicia y manejo de armas, y asiduamente cumpli贸 con sus deberes de instructor. Cuando qued贸 relevado de estas funciones fue adscripto a la plana mayor del coronel C茅sar Balbiani, cuartel maestre general y segundo jefe de Buenos Aires. Como ayudante de 茅ste, actu贸 Belgrano en la defensa de Buenos .Aires.
Fue Jefe del RI1 Patricios drutante 1811 y desde 1813 hasta 1814.
El mon谩rquico
Antes de la declaraci贸n de la Independencia (9 de julio de 1816), declama ante los congresistas e insta a declarar cuanto antes la independencia. Propone una idea que contaba con el apoyo de San Mart铆n: la consagraci贸n de una monarqu铆a: "Ya nuestros padres del congreso han resuelto revivir y reivindicar la sangre de nuestros Incas para que nos gobierne. Yo, yo mismo he o铆do a los padres de nuestra patria reunidos, hablar y resolver rebosando de alegr铆a, que pondr铆an de nuestro rey a los hijos de nuestros Incas." No obstante, la propuesta mon谩rquica de Belgrano no prospera, dado que hab铆an corrido rumores de que inclu铆a la cesi贸n de la corona a la casa de Portugal.
El educador
En este sentido, Belgrano que fue el promotor de la ense帽anza obligatoria que el virrey Cisneros decret贸 en 1810. Se destaca tambi茅n su labor como periodista; despu茅s de su actuaci贸n en el Tel茅grafo Mercantil, cre贸 el Correo de Comercio, que se public贸 entre 1810 y 1811, y en el cual se promovi贸 la mejora de la producci贸n, la industria y el comercio. Fundador de la Escuela de Matem谩ticas en 1810, costeada por el Consulado, y de la Academia de Matem谩ticas del Tucum谩n, que en 1812 instaur贸 para la educaci贸n de los cadetes del ej茅rcito.
Dona sus sueldos y premios del ejercito para construir 40 escuelas publicas y hasta dicto el reglamento con que deb铆an funcionar. La historia oficial no lo cuenta, o lo disimula, tal vez para no quitarle el m茅rito a Sarmiento, que por otra parte no fue 茅ste el que hizo las escuelas, sino su Ministro de econom铆a, Nicol谩s Avellaneda, que luego se lo reprocha con amargura; en un “Apunte” de 1874, (que se edit贸 en 1910) en sus Escritos y discursos. Nicol谩s Avellaneda se atribuy贸 el m茅rito 煤nico, pero reconociendo que el presidente facilitaba su nombre de educador:
"Bajo mi ministerio – dice Avellaneda – se dobl贸 en n煤mero de los colegios, se fundaron las bibliotecas populares, los grandes establecimientos cient铆ficos como el Observatorio, se dio plan y organizaci贸n a los sistemas escolares, y provincias que encontr茅 como La Rioja sin una escuela p煤blica llevaron tres mil o cuatro mil alumnos... Es la p谩gina de honor de mi vida p煤blica y la 煤nica a cuyo pie quiero consignar mi nombre. ¿Cu谩l fue la intervenci贸n del se帽or Sarmiento en estos trabajos, que absorbieron mi vida por entero durante cinco a帽os? El nombre del se帽or Sarmiento al frente del gobierno era por s铆 solo una direcci贸n dada a las ideas y ala opini贸n en favor de la educaci贸n popular; su firma al pie de los decretos era una autoridad que daba prestigio a mis actos. Su intervenci贸n se redujo, sin embargo, a esta acci贸n moral. Supo el se帽or Sarmiento que hab铆a bibliotecas populares y una ley nacional que las fundaba cuando hab铆an aparecido los primeros vol煤menes del Bolet铆n de las Bibliotecas, y 茅stas convert铆dose en una pasi贸n p煤blica. El se帽or Sarmiento no se dio cuenta de la ley de subvenciones y de su mecanismo sino en los 煤ltimos meses de su gobierno. Esto es todo y es la verdad". ( Nicol谩s Avellaneda, Escritos y discursos, VIII, 397. )(El “Apunte” de Avellaneda no estaba destinado a la publicidad; es un desahogo 铆ntimo de quien ve a otro atribuirse un m茅rito propio)
Economista
Belgrano tuvo unas claras ideas sobre econom铆a, entre otros:
“la exportaci贸n de lo superfluo es la ganancia mas clara que pueda hacer una Naci贸n”. …”el modo mas ventajoso de exportar las producciones superfluas de la tierra es ponerlas antes en obra o manufacturadas”…..”la importaci贸n de las materias extranjeras para emplearse en manufacturas, en lugar de sacarlas manufacturadas de sus pa铆ses, ahorra mucho dinero y proporciona la ventaja que produce a las manos nativas que se emplean en darles una nueva forma”…… “La importaci贸n de las cosas de absoluta necesidad, no puede estimarse un mal, pero no deja de ser un motivo real de empobrecimiento de una naci贸n”…..” es un comercio ventajoso dar sus bajeles a flete a las otras naciones”…..” la importaci贸n de mercanc铆as extranjeras para volverlas a exportar enseguida procura un beneficio real”.
Belgrano desobediente
Por suerte, para nosotros, Belgrano tambi茅n tuvo su faceta “desobediente”
La tarde del 25 de Mayo, Belgrano hace jurar la bandera en Jujuy, pero la Junta (Rivadavia) le reprocha “…la reparaci贸n de tama帽o desorden (la jura de la Bandera) …” (ya se lo hab铆an reprochado en Rosario).
En el Norte, el ej茅rcito de Belgrano, ante el avance de los Espa帽oles, inicia el 茅xodo del pueblo Juje帽o hacia Tucum谩n, donde decide resistir apoyado por el entusiasmo de la gente ”Sin mas armas que unas lanzas improvisadas, sin uniforme, ni otra montura que la silla y los guardamontes. No ten铆an disciplina ni tiempo de aprender al voces de mando, pero les sobraba entusiasmo...”
Rivadavia lo increpa para que se retire a C贸rdoba pero Belgrano le escribe “ Algo es preciso aventurar y 茅sta es la ocasi贸n de hacerlo; voy a presentar batalla fuera del pueblo y en caso desagraciado me encerrar茅 en la plaza hasta concluir con honor...” .
Todav铆a el 29 insist铆a Rivadavia en la Retirada: “ As铆 lo ordena y manda este Gobierno por 煤ltima vez...la falta de cumplimiento de ella le deber谩 a V.S. los mas graves cargos de responsabilidad” (Historia Argentina de J.M. Rosa). Por suerte Belgrano, desobediente, finalmente hace frente y derrota a los realistas que deber谩n retirarse con grandes perdidas de hombres y equipos militares, derrotados con los valientes gauchos que los ilustrados porte帽os rebautizar铆an con el mas decente denominativo de “valientes campesinos a caballo” . (...que patriota Rivadavia ¡¡¡¡, estar铆a pensando en el negociado de las minas de Famatina o en el empr茅stito Baring? Menos mal que tuvimos algunos patriotas “desobedientes”)
Ver tambi茅n, Batalla de Tucum谩n
Muerte en el olvido
Belgrano no se cas贸, pero tuvo varios hijos. De sus amores con una joven tucumana naci贸 su hija, Manuela M贸nica, que fuera enviada por su pedido a Buenos Aires, para instruirse y establecerse.
Tuvo otro hijo con la hermana de Encarnaci贸n Escurra, mujer de Rosas. Este lo cri贸 y cuando cumpli贸 18 a帽os le cont贸 quien era su ilustre padre: "De ahora en m谩s puede llamarse Pedro Rosas y Belgrano" – le dijo.
Despu茅s de todo lo que hizo por la patria y las donaciones que hizo de su patrimonio para la educaci贸n muere en la pobreza y el olvido. Aquejado por una grave enfermedad (hidropes铆a) que lo min贸 durante m谩s de cuatro a帽os, y todav铆a en su plenitud, el pr贸cer muri贸 en Buenos Aires el 20 de junio de 1820, empobrecido y lejos de su familia. S贸lo un diario, "El Despertador Teofilantr贸pico" se ocup贸 de la muerte de Belgrano, para los dem谩s no fue noticia. Culminaba as铆 una vida dedicada a la libertad de la Patria y a su crecimiento cultural y econ贸mico
A帽os mas tarde, con motivo del traslado de sus restos a la iglesia de Santo Domingo (en la actual Av. Belgrano), durante el gobierno de Roca, los ministros Pablo Ricchieri (de Guerra) y Joaqu铆n V. Gonz谩lez se quedaron con los dientes de Belgrano. Los llevaron “de recuerdo”, dijeron. Conocido el hecho y ante la evidencia, explicaron que lo hicieron para evitar que “los robaran”.
El episodio aparece citado en el libro de Jorge B. Rivera: Territorio Borges y otros ensayos breves - Buenos Aires (2000).
En una parte dice: “La exhumaci贸n del cad谩ver de Belgrano, en el atrio del Convento de Santo Domingo dio lugar en 1902 a un episodio curioso: Joaqu铆n V. Gonz谩lez y el general Pablo Ricchieri habr铆an intentado apoderarse durante la ceremonia de algunos dientes de Belgrano”.
Rivera acota en la p谩gina 157 de su libro: “por ese motivo la revista Caras y Caretas del 13 de septiembre de 1902 public贸 una caricatura en la que el esp铆ritu de Belgrano increpa a sus depredadores: “¡Hasta los dientes me llevan! ¿No tendr谩n bastante con los propios para comer del presupuesto?”.
Tambi茅n hay una interesante y pormenorizada narraci贸n sobre este tema en la revista Todo es Historia, N潞 38, Junio de 1970. El art铆culo es de Jimena S谩enz.
Pacho O’Donell en su libro “El grito sagrado” relata:
“….Ochenta y tres a帽os despu茅s de su muerte pod铆a leerse en el matutino La Prensa a ra铆z de la exhumaci贸n de sus restos para ser trasladados al mausoleo donde hoy yacen, en la iglesia de Santo Domingo: "Llama la atenci贸n que el escribano del Gobierno de la Naci贸n no haya precisado en este documento los huesos que fueron encontrados en el sepulcro; pero no es 茅sta la mayor irregularidad que he podido observar en este acto. Entre los restos del glorioso Be1grano que no hab铆an sido transformados en polvo por la acci贸n del tiempo, se encontraron varios dientes en buen estado de conservaci贸n y ¡adm铆rese el p煤blico! ¡esos despojos sagrados se los repartieron buena, criollamente, el ministro del Interior y el ministro de Guerra! (...) Que devuelvan esos dientes al patriota que menos comi贸 en su gloriosa vida con los dineros de la Naci贸n y que el escribano labre un acta con el detalle que todos deseamos y que debe tener todo documento hist贸rico..."
“El esc谩ndalo fue tal que los susodichos ministros, el doctor Joaqu铆n V. Gonz谩lez y el coronel Ricchieri, tuvieron que devolver los dientes del pr贸cer”.
La bandera de nacional.
Belgrano es el creador de la bandera “Azul y blanca” y no la “celeste y blanca” que impusieron Sarmiento y Mitre. La bandera, creada en Rosario el 27 de febrero de 1812 por Belgrano inspirada en la escarapela azul-celeste del Triunvirato, debido al color de la her谩ldica, que no es azul-turqu铆 ni celeste sino el que conocemos como azul. Nada tuvo que ver el color del cielo con que nos quisieron convencer.
Algunos utilizan el argumento para defender el celeste, por el hecho de que por la “sincera religiosidad de Belgrano”, este debi贸 tomar el celeste de la virgen y no el azul. Sin embargo la “sincera religiosidad de Belgrano” no contradice el hecho de que usara al azul ya que algunos suponen que el azul-celeste de los patricios. fue tomado de la Orden de Carlos III, otros, de la inmaculada Concepci贸n”, y otros que ambos colores (el blanco y el azul) fueron sacados del escudo de la ciudad de Buenos Aires, cuyos colores eran precisamente blanco y azul.” Lo cierto es que el Congreso sancion贸 la ley de banderas el 25 de enero de 1818 estableciendo que la insignia nacional estar铆a formada por “los dos colores blanco y azul en el modo y la forma hasta ahora acostumbrados”.
Tampoco fueron “celestes y blancas” las cintas que distinguieron a los patriotas del 22 de mayo, sino que eran solamente blancas o “argentino” que en la her谩ldica simboliza “la plata”. Fueron solamente blancas. La cinta azul se agreg贸 como distintivo del Regimiento de Patricios. Pero tampoco era celeste, sino tomados del azul y blanco del escudo de Buenos Aires.
Azul y blanca fue la bandera que flame贸 en el fuerte de Buenos Aires, en Ituzaingo durante la guerra con brasil, y en la guerra del Paraguay. En 1813, Artigas le agregar铆a una franja colorada (punz贸) cruzada para distinguirse de Buenos Aires sin desplazar la “azul y blanca”. La bandera cruzada fue usada en Entre R铆os y Corrientes. La cinta punz贸 fue adoptada por los Federales, mientras los Unitarios, para distinguirse, usaron una cinta celeste, y no el azul de la bandera. Cuando Lavalle inici贸 la invasi贸n “libertadora” contra su patria (apoyado y financiado por Francia) tambi茅n uso la bandera “celeste y blanca” para distinguirla de la nacional...“ni siquiera enarbolaron (los libertadores) el pabell贸n nacional azul y blanco, sino el estandarte de la rebeli贸n y la anarqu铆a celeste y blanco para que fuese m谩s ominosa su invasi贸n en alianza con el enemigo”(Coronel salte帽o Miguel Otero en carta Rufino Guido, hermano de Tomas Guido, el 22 de octubre de 1872. Memorias. ed. 1946, p谩g. 165).
Rosas, para evitar que al deste帽irse por el sol, se confundiera con la del enemigo, la oscurece m谩s, llev谩ndola a un azul-turqu铆. ¿Por qu茅 Rosas eligi贸 el azul turqu铆? Por varias razones: porque el “azul real” es m谩s noble y resiste por m谩s tiempo, al sol, a la lluvia, etc. Rosas pens贸 que el color argentino era el azul, porque asi lo estableci贸 el decreto de la bandera nacional y de guerra del 25 de febrero 1818, y tambi茅n porque el celeste siempre fue el color preferido de liberales y masones. Fue la bandera que, sin modificarse la ley flame贸 en el fuerte, en la campa帽a al desierto (1833 – 1834) en la Vuelta de Obligado y en El Quebracho en 1845,) y la misma que fue saludada en desagravio por el imperio ingles con 21 ca帽onazos.
El 23 de marzo de 1846 Rosas le escribi贸 al encargado de la Guardia del Monte, dici茅ndole que se le remitir铆a una bandera para los d铆as de fiesta, agregando que "...Sus colores son blanco y azul oscuro con un sol colorado en el centro y en los extremos el gorro punzo de la libertad. Esta es la bandera Nacional por la ley vigente. El color celeste ha sido arbitrariamente y sin ninguna fuerza de Ley Nacional, introducido por las maldades de los unitarios. Se le ha agregado el letrero de ¡Viva la Federaci贸n! ¡Vivan los Federales Mueran los Unitarios!". La misma bandera se iz贸 en el Fuerte de Bs.As. el 13 de abril de 1836 al celebrarse el segundo aniversario del regreso de Rosas al poder. La misma bandera que Urquiza le regala a Andr茅s Lamas y que hoy se conserva en el Museo Hist贸rico Nacional de Montevideo.
Rosas, quiso que las provincias usaran la misma bandera y evitaran el celeste, y con ese prop贸sito mantuvo correspondencia, entre otros, con Felipe Ibarra, gobernador de Santiago del Estero, entre abril y julio de 1836. "Por este motivo debo decir a V. que tampoco hay ley ni disposici贸n alguna que prescriba el color celeste para la bandera nacional como aun se cree en ciertos pueblos." (Jos茅 Luis Busaniche) "El color verdadero de ella porque est谩 ordenado y en vigencia hasta la promulgaci贸n del c贸digo nacional que determinar谩 el que ha de ser permanente es el azul turqu铆 y blanco, muy distinto del celeste." Y le record贸 que las ense帽as nacionales que llev贸 a las pampas y la del Fuerte, ten铆an los mismos colores, y que las mismas banderas para las tropas fueron bendecidas y juradas en Buenos Aires.
Rosas uso la azul y blanco y le adicion贸 cuatro forros frigios en sus extremos, seg煤n Pedro de Angelis, en honor a los cuatro acontecimientos que dieron nacimiento a la Confederaci贸n Argentina: el tratado del Pilar del 23 de febrero de 1820)(que adopt贸 el sistema Federal), el Tratado del Cuadril谩tero (de amistad y uni贸n entre Bs.As y las provincias) la Ley Fundamental de 23 de enero de 1825 (que encargo a Bs.As. las relaciones exteriores y la guerra) ), y el Pacto Federal del 4 de enero de 1831 ( creaci贸n de laConfederaci贸n, a la que se adher铆an las provincias)
(ver Las bandras de Rosas) Expulsado Rosas en Caseros, Sarmiento adopta el celeste unitario en vez del azul de la bandera nacional. En su “Discurso a la Bandera” al inaugurar el monumento a Belgrano el 24 de septiembre de 1873 se帽al贸 a la ense帽a de la Confederaci贸n como un invento de b谩rbaros, tiranos y traidores, y en su Oraci贸n a la Bandera de 1870, denigra la “blanca y negra” de la Vuelta de Obligado diciendo adem谩s que ” la bandera blanca y celeste ¡Dios sea loado! no fue atada jam谩s al carro triunfal de ning煤n vencedor de la tierra”. Y si alguna vez fue atada al carro de alg煤n triunfador, se lo debemos aSarmiento y no al Restaurador. Tampoco la celeste y banca de Sarmiento recibi贸 saludo de desagravio de ninguna potencia imperial. Mucho menos la de Mitre.
Mitre se basa en el “celeste” bas谩ndose entre otros argumentos en un 贸leo se San Mart铆n hecho en 1828, como si el color adoptado por un artista fuera argumento suficiente. El general Espejo, compa帽ero de San Mart铆n, en 1878 publicaba sus Memorias del y recordaba como azul el color original de la bandera de los Andes conservada deste帽ida en Mendoza. Pero Mitre, que siempre interpret贸 las cosas como le convino, lo atribuy贸 a una “disminuida memoria del veterano”.
En 1908, ante la confusi贸n existente y a pedido de la Comisi贸n del Centenario, se estableci贸 el color azul de la ley 1818 para la confecci贸n de banderas. Sin embargo, sigui贸 emple谩ndose el celeste y blanco, en lugar del la gloriosa “azul y blanca” La misma bandera que acompa帽o a San Mart铆n en su gloriosa gestaLibertadora y la misma que acompa帽o los restos del propio Rosas en Southampton.
Bibliograf铆a:
Jos茅 Maria Rosa - Historia Argentina.
Corval谩n Mendhilarzu, Dardo: “Los Colores de la Bandera Nacional”. Hist. de la Nac. Arg.
Ramallo, Jorge Mar铆a: “Las Banderas de Rosas”. Rev. J. M. de Rosas, N' 17.
Fern谩ndez D铆az, Augusto: “Origen de los Colores Nacionales”. Revista de Historia, N潞 11.
Ram铆rez Ju谩rez, Evaristo: “Las Banderas Cautivas”.
Ver tambien:
Las banderas de Rosas
Las banderas de ObligadoSe permite la reproducci贸n citando la fuente: www.lagazeta.com.ar
Bandera argentina de 1818.
Bandera Argentina usada en tiempos de la Liga Federal.
Bandera Argentina de los exiliados Unitarios de Montevideo,
usada como bandera de guerra en buques, hasta 1852.
(Fuente: www.lagazeta.com.ar)






