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CANCION / Los libros de la buena memoria / Escribe: Luis Alberto Spinetta






"A 18 minutos del sol" (1977) fue su siguiente disco que grabó junto a la Banda Spinetta, integrada por músicos de jazz. Con este grupo se presentó hasta 1979, cuando organizaron la primera reunión de Almendra. Al año siguiente viajó a Estados Unidos para registrar un disco en inglés, titulado "Only love can sustain", y participó de la segunda reunión de Almendra.
Con un estilo de composición más complejo armó Spinetta-Jade. Cuatro discos quedaron de esta agrupación, que tuvo su mayor inconveniente la dedicación de Spinetta a su carrera solista. "Kamikaze" (1982) es un álbum acústico que no fue reconocido por la crítica y el público como realmente lo merecía. En cambio "Mondo di cromo" (1983) retorna al estilo eléctrico y fue presentado con "Bajo Belgrano", tercer álbum de Jade.
Para 1985 estaba previsto un disco a dúo con Charly García, pero únicamente se llegó a registrar el tema "Rezo por vos", incluido en "Privé" el siguiente álbum de Luis Alberto, que incluye también "No seas fanática", con León Gieco. El proyecto que sí se concretó fue "La la la" (1986), una placa con Fito Páez que despertó gran expectativa pero no terminó de convencer.




El vino entibia,
sueños al jadear...
desde su boca,
de verdeado dulzor...
y entre los libros,
de la buena memoria...
se queda oyendo...
como un ciego frente al mar...
mi voz le llegará...
mi boca también...
tal vez le confiaré...
que eras el vestigio,
del futuro...
Rojas y verdes,
luces del amor,
prestidigitan,
bajo un halo de rush...
que sombra extraña...
te ocultó de mi guiño...
que nunca oíste...
la hojarasca crepitar...
pues yo te escribiré...
yo te haré llorar...
mi boca besará...
toda la ternura...
de tu acuario...

Más si la luna,
enrojeciera en sed...
o las impalas,
recorrieran tu estanque...
no volverías,
a truinfar en tu alma...
yo sé que harías...
largos viajes por llegar...
parado estoy aquí...
esperándote...
todo se oscureció...
ya no sé si el mar,
descansará...
Habrá crecido,
un tallo en el nogal...
la luz habrá tiznado,
gente sin fe...
esta botella,
se ha vaciado también...
que ni los sueños,
se cobijan del rubor...
licor no vuelvas ya...
deja de reír...
no es necesario más…
ya se ven los tigres...
en la lluvia...

El impacto del Mendozazo / Escribe: Alfredo Caferatta






El 4 de abril de 1972 la población de Mendoza se convertía en noticia nacional, esta vez no era por un temblor de tierra, sino por uno de origen social. Tras la consigna “No pague la luz“, en referencia a la tarifa que había sufrido un aumento repentino del 300 %, el pueblo de Mendoza dijo basta. Salió a la calle y pretendió llegar con su protesta a la Casa de Gobierno, pero el férreo cerco policial se lo impidió, generándose corridas, lanzamiento de gases lacrimógenos y hasta la acción de tanques hidrantes por parte de la policía.



Era gobernador de Mendoza el legendario dirigente demócrata “Don Pancho” Gabrieli, quien colaboraba con el gobierno dictatorial del general Lanusse. Debemos recordar que luego del “Cordobazo”, desarrollado a fines de mayo de 1969, se sucedieron otros movimientos populares en diversas provincias. El Mendozazo llegaría a ser el último antes de la vuelta a la democracia el 11 de marzo de 1973.

Precisamente no es casual este hecho. El comentario de un periodista que atribuía al general Lanusse la frase: “los hechos de Mendoza nos llevaron a una situación límite”, daban a entender que el ciclo de las políticas liberales, sostenidas con la proscripción del peronismo desde 1955, estaba agotado.

Sucesivas dictaduras de corte cívico - militar, con dos “primaveras“ democráticas (siempre con el peronismo proscripto): los gobiernos de Frondizi (1958-1962) e Illia (1963-1966), se caracterizaron por imponer por la fuerza pautas económicas de corte liberal extranjerizante, que beneficiaban a los sectores oligárquicos y a los grandes grupos económicos.

La represión a las huelgas obreras y a los intentos de expresión política por parte del peronismo, fueron una constante entre 1955 y 1973. Los sectores populares obreros y también de clase media, sufrieron esa política de expoliación con un creciente deterioro de la calidad de vida.

La paciencia de los argentinos demostró tener un límite y la clara expresión de ello fue el Mendozazo. En esas jornadas que tienen su cúlmine del 4 de abril del 1972, obreros nucleados en los gremios de la CGT mendocina, empleados públicos y docentes marcharon unidos, ya no tan solo contra el aumento intempestivo de las facturas de energía eléctrica, sino pidiendo se respete su voluntad soberana, dejada de lado por años de soberbia liberal militar proscriptiva.

La tormenta social de ese día dejó en poder de los manifestantes la ciudad de Mendoza por largas horas. Luego, en la relativa calma de días y meses siguientes, el progresivo anuncio del calendario electoral por parte del gobierno de Lanusse, traería el ansiado resplandor de la democracia, después de dieciocho años de represión y proscripciones.


El Mendozazo fue un momento, un hito importante de la Historia de Mendoza, donde el pueblo volvió una vez más, como lo haría periódicamente hasta nuestros días, a demostrar que esta no es perpetuamente ”una provincia conservadora”. Lo lamentable es que en nuestros días algunos sectores del sindicalismo mendocino, una parte en minoría, propone un accionar que nos lleve a un nuevo Mendozazo. ¡Grave error! Confundir épocas de dictadura con gobiernos democráticos, elegidos sin proscripciones y por el voto del pueblo, como ocurre actualmente.

La democracia nos permite expresar nuestra voluntad, nuestras ideas, para periódicamente renovar autoridades. Ahora se puede ejercer la paciencia, aquella que antes era colmada por la falta de libertad de expresión. Ahora se puede peticionar, manifestar, expresar libremente las ideas, con todas las garantías constitucionales y en pleno estado de derecho.

¡Vaya nuestro homenaje a aquellos hombres y mujeres que se jugaron en las calles aquel 4 de abril, por los derechos que hoy disfrutamos con suma naturalidad! A pesar de habernos soportado otra dictadura posterior (1976-1983), pero sabiendo precisamente que el Mendozazo es un hito muy importante en el camino por la lucha y consolidación de la voluntad popular.

Mendoza no es conservadora / Escribe: Marcelo Sapunar






Bueno, querido lector de PROYECTARIO, veo que ha comenzado a leer esta nota, quizás convocado por este título que elegí para llamar especialmente su atención y que trata de poner en duda nuestra condición de pueblo/provincia conservador/a.

Para ello aprovecho esta fecha, que aparece en las agendas de la militancia política y social como la más importante de todas las jornadas de queja y lucha que se desarrollaron durante abril de 1972 en Mendoza, para intentar un aporte en sentido contrario a lo que nos vende el poder económico concentrado, la aristocracia, la derecha menducas.




Durante los últimos días de marzo de 1972 el gobierno nacional, encabezado por el dictador Alejandro Agustín Lanusse, anunció un aumento del 300% en las tarifas eléctricas. Esta situación provocó un descontento general en diferentes sectores sociales de nuestra provincia.
El 29 de marzo se realizó una asamblea a la que asistieron 700 personas. Allí se decidió por unanimidad no pagar la luz, no permitir este nuevo atropello de la dictadura, organizarse y luchar. Esta experiencia se popularizó rápidamente y en horas de la noche la gente se movilizaba en diferentes lugares del Gran Mendoza.
El martes 4 de abril de 1972, pese a la prohibición del gobierno provincial, se concentró una masa heterogénea compuesta por uniones vecinales, trabajadores y estudiantes que contó con la presencia de 20000 personas aproximadamente frente a la Casa de Gobierno.
Previo a esta concentración, las fuerzas armadas reprimieron. Y ante el ataque policial la población se armó con palos, piedras y otros objetos que recogieron en los alrededores. Quienes lucharon fueron obreros, empleados y estudiantes. Luego de tres horas de combate, Mendoza fue declarada “zona de emergencia”. Las emisoras locales desinformaban y distorsionaban los hechos, ya que estaban bajo la dirección de intervenciones militares, en el contexto del final de una dictadura que se encontraba pronta a caer.
En las últimas horas de ese día el gobernador de facto, el “demócrata” Francisco Gabrielli, renunció. Una vez más los gansos colaboraban con una dictadura. Y desde Buenos Aires anunciaron que se mantendría el régimen tarifario sin modificación alguna.
Estos tópicos, con origen en una investigación universitaria, han sido contrastados con varios militantes de aquellos hechos, que se emocionan al relatar historias diversas en torno al armado de las columnas que, desde todos los rincones del Gran Mendoza, confluían a la gran movilización en Casa de Gobierno.




A la altura de movilizaciones similares desarrolladas en todo el país por esos años, como se ha dicho, Mendoza no fue en saga de las luchas por el retorno del estado de derecho y el final de la proscripción del peronismo.

La misma Mendoza que poco tiempo después encumbraría a Martínez Baca, quizás el gobernador más revolucionario que ha dado el oeste argentino. La misma Mendoza que votó a la Alianza para pasar la hoja tremenda de los diez años de menemismo/neoliberalismo/ucedeísmo. La misma Mendoza que votó a Cristina para ungirla Presidenta y luego para reelegirla. La misma Mendoza que juzga a los jueces que trabajaron en acuerdo con la última dictadura militar…

La misma Mendoza que ante varios hechos individuales y colectivos, que nos proponemos coleccionar aquí en PROYECTARIO, ha dado muestras de no ser una provincia conservadora. Valgan estas líneas para dejar sembrada en usted nuestra necesidad de rearmar nuestra mirada acerca de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Una vez más subrayamos la necesidad que nos dejara instalada la Presidenta, de crear un nuevo relato que nos permita vernos en nuestra verdadera dimensión frente a nosotros mismos y a la historia. Este es el desafío para afrontar en estos años de reposicionamiento del Pensamiento Nacional, Popular y Democrático.

Rosas y las Malvinas / Escribe: Pacho O’Donnell






El empréstito contraído venalmente por Rivadavia y sus socios con la Casa Baring para le ejecución de obras públicas que nunca se realizaron provocaba que los tenedores de sus bonos, los “bone holders”, a quienes el Restaurador mortificaba llamándolos “bonoleros”, lo acosaran con reclamos por la suma acumulada desde que Manuel Dorrego, sucesor de Rivadavia como gobernador de Buenos Aires, había dejado de pagar por considerarla espuria y atentatoria de los intereses populares.


Es entonces cuando Rosas hace una propuesta que aún hoy provoca encendidas y antagónicas interpretaciones, como sigue sucediendo con todo lo atingente al Restaurador, entre quienes lo acusan de entreguista y quienes le adjudican astutas intenciones subyacentes: habría ofrecido a la Corona británica la entrega de las Islas Malvinas a cambio de la cancelación de la deuda.

Las islas habían sido usurpadas durante el gobierno de Balcarce en el interludio entre los dos de Rosas, en 1833. Y una de las razones para hacerlo es la sugerencia de Woodbine Parish, supuesto comerciante inglés en el Río de la Plata y en la realidad un muy avezado espía (¡estuvo en el campanario del Convento de San Lorenzo observando el triunfo de San Martín!) de ocuparlas para de esa manera cobrar algo de la deuda Baring que iba acumulándose sin saldar.

Todo indica que Woodbine Parish actuó en connivencia con los unitarios deseosos de crear dificultades internacionales al gobierno de la Confederación, el mismo motivo para que Sarmiento instase a Chile a ocupar la Patagonia.
Don Juan Manuel toma la iniciativa y es él quien, a través de su embajador en Londres, Manuel Moreno, hermano de Mariano, eleva una proposición a considerar por la Corona.

Sin embargo, nuevos documentos demuestran que lo que Rosas ofreció no fue la entrega de las Malvinas sino su arrendamiento, también algún territorio de la Patagonia, por un tiempo limitado, para la explotación del guano, entonces de tanto valor que años más tarde provocaría la Guerra del Pacífico que enfrentó a Chile en contra de Bolivia y Perú. Era claro que el Restaurador ofrecía a Gran Bretaña alquilarle algo que ya estaba en su poder.

Un perspicaz Mr Robertson, directivo en la casa central Baring, escribe acerca del “arrendamiento” y sus fundadas sospechas a Ferdinand White, representante en Buenos Aires:

“Ud. no desconocerá que Rosas ofreció arrendar una porción de la Patagonia a la Casa Baring a manera de una seguridad colateral por esta deuda. Los señores Baring declinaron considerar la cuestión a causa, según yo creo, de que tenía dudas sobre si la Patagonia pertenecía a Buenos Aires y se supone que una de las razones por la cuales Rosas hizo el ofrecimiento fue conseguir de Inglaterra la sanción de los derechos de Buenos Aires a la Patagonia.”

Ese fue el objetivo de fondo de la propuesta argentina: lograr que Gran Bretaña reconociera la soberanía argentina sobre las islas y la Patagonia como condición esencial para el comienzo de las negociaciones. Una vez logrado el reconocimiento éstas luego podrían limitarse, modificarse o anularse en una Legislatura que respondía a don Juan Manuel.

Su ministro de Hacienda, Manuel Insiarte, con nota del 17 de febrero de 1843, comunica a Palicieu Falconet, emisario de la Baring Bros., que el Restaurador, “a cargo de las Relaciones Exteriores de las Provincias Unidas” ha asumido oficialmente las negociaciones por medio de su embajador en Londres.

Lo del arrendamiento reaparece en 1848 cuando Rosas instruye a su canciller Felipe Arana a reiterar la propuesta del alquiler por quince años de las islas y de un sector de la costa patagónica (N. Galasso).

La acusación de “entreguismo” forma parte de la campaña de denostación de la historia oficial en contra de un jefe popular que puso un jaque a los gobiernos oligárquicos, librecambistas y extranjerizantes de Buenos Aires durante veinte años. Si no pudieron matarlo en vida, la intención fue expulsarlo de la memoria de argentinas y argentinos.

Pedro Agote comenta esa primera nota de Insiarte a Falconet: “Abunda en consideraciones acerca de los derechos de la República a aquellas islas, y la confianza que tiene de que ellas sean reconocidas por el gobierno británico.”
La respuesta inglesa es dada indirectamente por el almirante Purvis. El 13 de abril “arresta” a la escuadra argentina y la extorsión prosigue escandalosamente a lo largo del año 43.

El primer ministro Lord Aberdeen comprendió que Rosas le proponía reconocer la usurpación inglesa y la afirmación rotunda de los derechos argentinos. Inglaterra no aceptó, desde luego, la proposición hecha por medio de Manuel Moreno, y en 1845, en alianza con los franceses, invadieron nuestro país y fueron rechazados por el heroísmo gaucho en la Guerra del Paraná, cuyo combate emblemático fue el de la Vuelta de Obligado.

Una de las tantas pruebas en contra del supuesto “entreguismo” de la Confederación rosista la dio el francés Alfred Brossad, quien acompañó al conde Walewsky en la misión diplomática de 1847.

En sus memorias, como crítica, escribió que una de las cuestiones más largamente tratadas en el programa de geografía escolar era la “Demostración de los derechos perfectos de la Confederación Argentina sobre Paraguay, sobre la costa patagónica y las islas Malvinas; derechos injustamente rebatidos y desconocidos por las potencias europeas”.

Otra estuvo a cargo del representante inglés ante al Confederación Argentina, John Henry Mandeville, al informar a su gobierno el 3 de enero de 1838 sobre la inauguración de una nueva sesión de la Sala de Representantes de Buenos Aires , comentando el mensaje de Rosas ante los legisladores:

“Luego atiende a la ya gastada cuestión de la injusticia de su ocupación (de Malvinas) por Gran Bretaña, sin recibir, me atrevo a decir, mucha simpatía del público con excepción de las pocas personas que han especulado con la instalación de una propiedad en ese lugar. Seguramente eso ocupará un párrafo anual en cada mensaje hasta que el tema muriera de cansado, al menos que una causa sin méritos induzca al gobierno a avivar el tema para escudarse tras él.”


Como puede verse la acusación de que la cuestión Malvinas, cuando se agita, sólo responde a “motivaciones políticas” y no al patriotismo esencial de nuestros sectores populares, no es una creación de políticos e intelectuales contemporáneos.
(Tiempo Argentino, domingo 1 de abril de 2012)

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