Las desubicadas y belicistas declaraciones del premier británico, David Cameron, fueron rechazadaspor el gobierno de Cristina Kirchner, que volvió a reclamar diálogo y aceptar los pacíficos reclamos argentinos. Sin duda, los dichos del inglés se acercan más al perfil etílico y militar que tenía Leopoldo Galtieri, que al de un líder supuestamente democrático. Más allá de eso, lo cierto es que una afrenta de ese tenor debería obtener una respuesta contundente, pacífica y democrática por parte de la totalidad del arco político.
Al fin y al cabo, las Malvinas están en la Argentina y todos los partidos suelen reivindicar los derechos soberanos sobre esas islas, pero parece que al mundo político, en particular el parlamentario, las declaraciones que llegaron desde Inglaterra lo encontraron en pleno goce de las vacaciones.
En estos tiempos, donde las diferencias ideológicas entre los partidos se han profundizado, no parece fácil unificarse detrás de algunas políticas de Estado. Por caso, en 2012, cuando desde el oficialismo se promovió lo que se conoció como la "Declaración de Ushuaia", el Frente para la Victoria debió sudar más de lo debido para consensuar el texto que firmaron los bloques parlamentarios.
La desconfianza y las sospechas de algunos sectores de la oposición casi hacen naufragar la declaración. Durante esas reuniones, realizadas en el despacho del senador Daniel Filmus, la oposición puso de manifiesto la incapacidad que tiene para el diálogo y que tanto le reclama al gobierno nacional. La mezquindad, la desconfianza y la desesperación por diferenciarse casi pesan más que el objetivo que todos declaman defender.
Es cierto que el ser humano está determinado –en más de una oportunidad– por las circunstancias y muchas veces se actúa contrariando la formación política e ideológica. De alguna manera, Eduardo Duhalde, durante su interinato presidencial, actuó en contra de sus profundas convicciones y compromisos para aplicar retenciones. Esto no le agrega méritos, pero el país en crisis necesitaba dinero que correspondía, y corresponde aún hoy, obtener de determinado sectores con ganancias extraordinarias. Diferente es el caso Malvinas, donde ninguno de los partidos políticos sienten la necesidad de esforzarse para actuar en contra de sus convicciones.
El ejemplo Malvinas podría aplicarse al caso de la Fragata Libertad. El festejo organizado por el gobierno es considerado, por las fuerzas de la oposición, como una pantalla con la que se pretende ocultar el supuesto fracaso ante el ataque de los fondos buitre. Buscar una salida a los constantes ataques a la Argentina por este sector que no entró en el canje de la deuda es tomado como una renuncia, una muestra de la debilidad del gobierno.
El Poder Ejecutivo tiene la obligación de resolver este tema y se hace necesaria una nueva apertura del canje para ese pequeño pero activo porcentaje de acreedores, a los que se les ofrece las mismas condiciones que a los que hoy están dentro de ese plan de reestructuración de la deuda.
En este punto, la hipocresía parece ser la moneda corriente. En plena carrera para conseguir un lugar en cualquier lista y así renovar su banca este año, el diputado y titular del bloque de la Coalición Cívica, Alfonso de Prat-Gay, presentó un escrito en el tribunal de New York que conduce el juez Thomas Griesa. En el texto se presenta reclamando su condición de "amicus curiae" para argumentar, supuestamente, a favor de la posición argentina. Sin embargo, el texto del comunicado del legislador deja entrever que su posición parece ser más amiga de los buitres que de la Argentina. Asegurar que el porcentaje del canje, el 75 por ciento según el gobierno, es falaz y afirmar la inexistencia de dólares en el Banco Central, demuestra cuánto ha determinado en su vida el tiempo que pasó en JP Morgan.
Lo de Prat-Gay es un ejemplo de representación de las corporaciones y no es una mera especulación de tiempos electorales. No es el único en el Congreso Nacional. La única representante del partido con título pretencioso, Unión por Todos, Patricia Bullrich, insiste con defender corporaciones. Como si se tratara de dos al precio de uno, la legisladora se pone del lado de la Sociedad Rural, que logra frenar la estatización del predio ferial gracias a las cautelares que favorecen con fruición la Cámara Civil y Comercial, y de paso acusa al gobierno nacional de atacar a la justicia. Si bien la actitud de estos legisladores puede ser cuestionable, lo cierto es que demuestra a qué concepto de representación popular responden. Los votos le son necesarios para defender esos intereses porque cuando pretenden que el Estado se desfinancie, cuando los fondos buitre se queden con la riqueza argentina, en realidad no perjudican al gobierno de Cristina Kirchner sino a todos aquellos que reciben la Asignación Universal por Hijos o los que por fin se aprestan a recibir una de las tantas casas del plan de viviendas.
Entonces, con estas actitudes queda en claro a quiénes representan, lo que valen sus votos y qué país pretenden. La lección ya la recibieron en las últimas elecciones, pero pareciera que no aprendieron.
(Diario Tiempo Argentino, lunes 7 de enero de 2012)








